¡Que vital es cumplir con el trabajo que dignifica y eleva al ser humano! Conviene madrugar y levantarse temprano para no andar mendigando en andrajos.
Trabajo, yugo esclavo, laburo, no importa como tu lo denomines lo que importa es que lo termines para tener un próspero futuro.
Que el trabajo no llegue a ser tu cruz hazlo con la máxima eficiencia hazlo con coraje y con conciencia porque el trabajo honrado es salud.
Cuando tengas mucho no te quejes pues están los que poco tienen. Piensa en los que se mantienen con las sobras de lo que tú dejes.
Solo cuando el campo sea regado con el sudor del trabajo humano, y no con la sangre de un soldado solo así el mundo habrá avanzado.
Aprende a valorizar tu trabajo y disfruta luego del descanso, merecerás disfrutar de tu salario, y de tu familia obtendrás el agasajo.
viernes, 30 de abril de 2010
Oraciones para las visitas domiciliarias
Familia sin mayores problemas
LECTURAS: Jesús, Luz del mundo: Jn 8.12 El joven rico: Lc 18, 18-23 Visita a los amigos de Betania: Lc 10.38-42 Profesión de fe de Pedro: Mc 8. 27-30
ORACION Señor, nosotros creemos firmemente que tú te acercas y visitas a esta familia que Tú tanto quieres. Te pedimos con mucha fe que bendigas a cada uno de sus miembros. Sabemos que los tienes en tu corazón de Padre y Tú mismo los conoces con sus propios nombres (aquí, nombrarlos a todos) Aumenta en ellos la Fe, anímalos con la Esperanza Cristiana y fortalécelos en el Amor que es lo más importante a tus ojos. Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, que resucitado vive y reina para siempre. Amén.
# Familia donde hay un enfermo
LECTURAS: Visita a al suegra de Pedro: Lc 4. 38-39 Curación del hijo de un funcionario: Jn 4. 43-54 Curación de la mujer encorvada: Lc 13.10-17 Auméntanos la fe: Lc 17. 5-6
ORACION Señor Jesús Tú tienes un cariño muy especial por los enfermos. En tu evangelio apareces sanando consolando, fortaleciendo y perdonando a muchos enfermos graves. Ten compasión de esta familia tan preocupada por la salud de .............. (aquí se nombra al enfermo) Haz sentir en esta casa el amor que Tú le tienes a este enfermo..... Dale paciencia en su enfermedad y si es para mayor bien de esta familia y mayor gloria tuya, alíviale de sus dolores y molestias y sánala lo más pronto posible. Te lo pedimos a ti por la intercesión de María la Madre de Jesús. Amén
# Familia afligida por alguna desgracia
LECTURAS: Agonía de Jesús en el Huerto: Lc 22. 39-45 Tú tienes palabras de vida eterna: Jn 6. 67 La resurrección de Lázaro: Jn 11 Profesión de fe de Pedro: Mc 8. 27-30
ORACION Señor, creemos en Ti pero muchas veces nos hemos preguntado: ¿Por qué permites tanto sufrimiento? ¿Por qué existe el mal? ¿Por qué existe el mal? ¿Por qué las enfermedades? ¿Por qué sufre el inocente?.. Sabemos que Tú comprendes la turbación de nuestro corazón. Esperas nuestra pregunta y nos escuchas con mucha paciencia y misericordia.
Ayúdanos a comprender la respuesta que nos das en la Cruz de tu Hijo amado, Jesucristo. Muéstranos a Él, que vino a liberarnos de todo mal, por su amor inmenso y misericordioso. Danos profunda fe para aceptar el secreto de tu mano poderosa. Abre nuestro corazón a la Esperanza pues tanto nos has amado que nos entregaste a tu propio hijo, nuestro hermano, amigo, Señor, Jesucristo, Amén.
# Familia en situación irregular (convivientes, alcoholismo, etc.)
LECTURAS: Jesús en la sinagoga de Nazaret: Lc 4. 16-30 Eficacia de la oración: Lc 11. 1-13 Diálogo con la samaritana: Jn 4. Fe y oración: maldición de la higuera: Mc 11. 20-25
ORACION Padre de bondad. Tú no miras a la gente por lo que tiene o aparenta. Tú vez a cada cual por lo que es, con sus defectos y cualidades, sin hacer diferencias. Tú sabes que cada uno de nosotros necesita de tu vista. Sin ti nada podemos. Tú que trajiste un año de gracia para los pobres, los enfermos, los pecadores, los encarcelados, los endeudados, acógenos con tu cariño en este día y ayúdanos a intentar con fe una vida nueva, llena de salud, libertad y esperanza. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Amigo, Maestro y Señor. Amén.
# Familia con problemas (peleas familiares, hijos con dificultades, etc.)
LECTURAS Parábolas de la misericordia: Lc 15 La pecadora perdonada: Lc 7. 36-49 El mandamiento principal: Mc 12. 28-34
ORACION Señor Jesús. Tú dijiste "No son los sanos los que tienen necesidad del medico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores, para que se conviertan". Ten compasión de nosotros, que aún te conocemos poco y necesitamos tanto de ti. Mira con misericordia a esta familia que sufre penas y vive en dificultades que hacen triste la vida. Haz brillar sobre ella la paz que sólo tú sabes dar. Te lo pedimos con mucha fe, por ti mismo que vives y reinas en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, Amen.
# Personas que se encuentran muy solas
LECTURAS: Jesús visita a Zaqueo: Lc 19. 1-6 El paralítico de la piscina de ..........: Jn 5. 1 - 18 El evangelio revelado a los sencillos: Lc. 10. 21-22
ORACION Señor Jesús. Tú dijiste a tus discípulos que no les dejarías huérfanos, sino que les regalarías la presencia del Espíritu Santo dado por el Padre a los que crean en ti. Tú mismo vienes con tu Palabra a visitarlos. Tú Espíritu santo ha sido derramado en sus corazones. Te pedimos que ninguno de los que viven en esta casa se sientan solos y abandonados. Acrecienta la unidad de esta familia que tú tanto quieres y haz que todos se sientan amados y respetados por ti y por los tuyos. Amén
# Familia en que los niños (hijos, nietos) son importantes
ORACION Señor Jesús. Tú dijiste "Dejad que los niños venga a mí... de ellos es el Reino de los Cielos". Te damos gracias por la alegría de esta familia. Te damos gracias por la salud y hermosura de sus niños. Te pedimos que guardes siempre en la unidad a esta familia. Protégelos. Da sabiduría a los padres para que sepan cuidar y guiar a sus hijos en el conocimiento y amor de tu persona. Señor. Que no falte nunca el trabajo necesario para el sustento, ni educación y salud para toda la familia. Y que reines Tú Señor en los corazones de todos y en el ambiente de este hogar. Amén.
# Familia Contenta de tener su vivienda propia
LECTURAS Lc 10. 38-42: Lc 4. 38-39: Lc 11. 1-13
ORACION Bendice y visita Señor esta casa que nosotros visitamos en tu nombre. Derrama tu bendición sobre esta familia que con su esfuerzo ha logrado construir su propio hogar. Te pedimos que los bienes conseguidos no les hagan olvidarse de ti. Que sean una familia abierta y comprensiva con los más pobres. Que te den gracias de todo corazón a ti, que eres el cimiento firme sobre el que se construye la vida. Que edifiquen espiritualmente una familia sólida en la fe y bella en la armonía del amor, que sólo Tú sabes infundir en los hombres y mujeres de buena voluntad. Te lo pedimos con mucha fe. Amén
# Familia tolerante, no católica
LECTURAS Jn 3, 1-8
ORACION Te agradecemos Señor la acogida que nos ha brindado esta familia. Tú despiertas en nosotros un gran respeto por todos los que buscan la verdad. Nosotros creemos que Tú eres la verdad. Te pedimos por todos los miembros de esta familia para que siempre los alientes en su camino. Tú eres la Vida y el Amor. Que quede con ellos tu Paz. Amén.
# Familia cristiana no católica
LECTURAS Jn 8. 12 Hech 4. 32-35 Hech. 5. 12-16
ORACION Señor Dios nuestro es mucho más lo que nos une con nuestros hermanos creyentes, que lo que nos separa. Te pedimos con un solo corazón que nos des la gracia de conocer amar y servir a Nuestro Señor Jesucristo, cada día con mayor fe y dedicación. Que esta familia y cada uno de nosotros en el lugar donde nos has puesto podamos ser testigos tuyos, por la obediencia a tus mandatos. Que por nuestra palabra y nuestra vida proclamemos que Dios ha resucitado a Jesús para salvación del mundo. Y que el Espíritu Santo que da Dios a los que le obedecen nos haga crecer en el amor fraterno y en la unidad que Jesús tanto quiera para sus discípulos. Amén.
Señor, toma mi vida nueva Antes de que la espera, Desgaste años en mí.
Estoy dispuesto(a) a lo que quieras No importa lo que sea, Tú llámame a servir.
Llévame donde los hombres Necesiten de tus palabras, Necesiten mis ganas de VIVIR. Donde falte la ESPERANZA, Donde falte la ALEGRIA. Simplemente por no saber de TI.
Y así, en marcha iré cantando Por valles predicando, Lo bueno que es tu amor.
Señor tengo alma misionera Condúceme a la tierra, Que tenga sed de ti.
¡La fe se fortalece dándola! Nuestra opción por Dios y por el prójimo debe expresarse particularmente en la conversión a la comunión, a la solidaridad y a la misión que trataremos en esta unidad. ¿Qué es misión? Entendemos por Misión, el Anuncio de Jesús y su Evangelio, la construcción de la Iglesia local y la promoción de los valores del Reino a las personas, a las situaciones humanas y sociales nuevas, a las culturas, etc.; que aún no han recibido la Buena Nueva o han perdido el sentido vivo de su fe; distinguiéndola de los otros servicios eclesiales como la atención pastoral de los fieles. Tipos de Misión: La misión es una sola pero se distingue entre misión local o ad intra y ad gentes. Misión ad Intra: Espacio de tiempo fuerte para la puesta en marcha o reanimación y revitalización de un plan pastoral en un determinado espacio eclesial: Comunidad eclesial de base, Parroquia, Decanato, Zona o Diócesis. Misión ad Gentes: Esta misión de la Iglesia es única, aunque conoce varias modalidades, las cuales no dependen de su naturaleza, sino de las circunstancias. Las iniciativas evangelizadoras que se comprenden bajo el nombre de misiones tienen como objeto fundar nuevas Iglesias, autóctonas tan pronto como sea posible, con propia jerarquía, de forma que puedan contribuir al bien de la Iglesia una y universal. Es todavía inmensa la labor misional pendiente. Un gran número de hombres desconoce el mensaje evangélico. Son muchos los que permanecen separados de él. Algunos incluso niegan a Dios. Para anunciar el misterio de salvación, la iglesia debe insertarse en todos los grupos humanos. Partes de una Misión Por la obra del espíritu que siempre acompaña “el vivir y el crecer de su Iglesia” existe en nuestros días un maravilloso abanico de maneras de misionar. Estas modalidades encierran, necesariamente tres momentos que, todos unánimemente designan como:
Pre Misión
Hablar de Pre-Misión, es hablar del tiempo que antecede a la Misión y que esta destinado a hacerla posible, fácil y fructuosa. Una misión no preparada, puede producir los mismos efectos que lanzar un atleta al estadio, sin previo precalentamiento. Brevemente recordamos algunas cosas que deben ser tomadas en cuenta.
Ambiente de Oración: Es necesario crear un ambiente de oración. Es el Espíritu el que allana el camino y el espíritu del Señor llega sólo a través de la plegaria. Aceptada pues, la venida de la Misión, la Comunidad entera debe entrar en un clima de oración. Es un período similar al que precedió a la venida del espíritu santo, el día de pentecostés: “Los Apóstoles perseveraban en la oración junto con María, la Madre de Jesús” (Hech 1,14)
Visita Domiciliaria: Es importante una visita domiciliaria realizada por los más comprometidos de la Comunidad. Dicha visita se realizará con los siguientes objetivos:
Avisar el día preciso de la llegada “del paso del Señor”: La Misión
Repartir un volante con la oración por la misión, inculcando, al mismo tiempo, la necesidad de rezarla diariamente en familia;
Entregar un Póster alusivo a la misión, con el Lema de la misma y con las fechas en que se realizará la misión. Puede ser de mucha utilidad que el Póster elegido, sea confeccionado por los niños o jóvenes del lugar
Esta visita es como el trabajo realizado por Juan Bautista para anunciar la venida del Salvador (Mc 1,1-6)
Preparación de los Misioneros: o Si la Comunidad que recibe la Misión debe entrar en un clima de oración al Padre, solicitando sus gracias de conversión y santidad, con mayor razón tiene que hacerlo los misioneros que llegarán haciendo el papel de Jesús: “traer la Buena Nueva a los pobres, anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos que pronto van a ver, despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de la gracia del Señor (Lc 4,18-19)
Existen dos tipos de preparación: o Preparación Remota: Es indispensable la preparación remota de los misioneros a través de una vida comprometida con una comunidad cristiana concreta. Ellos deben tener experiencia del Dios que anuncian; de la vida de fraternidad y de lo que significa el trabajo por la construcción de un mundo mejor. Su acción debe ser planificada y evaluada por la comunidad que los elige y los envía en misión.
Preparación Próxima: Sea que los misioneros hayan sido elegidos entre los miembros de su propia comunidad o traídos de otra comunidad local o ambiental, la preparación próxima requiere:
Oración, cariño y preocupación por los que el Señor les va a confiar
Integración total del equipo misionero
Estudio, con el grupo y con el Señor, del temario elegido para la misión
Reflexión sobre la realidad socio-económica, religiosa y cultural del lugar que se va a misionar
Preparación esmerada de las dinámicas y diversas celebraciones de la Palabra
Programación cuidadosa de cada uno de los actos de la misión
Estar preparados para enfrentar los imprevistos.
El espíritu de esta preparación tiene que ser siempre muy comunitario, lleno de alegría y optimismo. Los misioneros deben tener el pleno convencimiento que el “Señor estará con ellos” en toda circunstancia y siempre deben trabajar con la conciencia de que la cosecha queda en manos del Señor, quién sabrá de los frutos a su debido tiempo. San Pablo dice: “Yo planté, Apolo regó, pero Dios hizo crecer. Y no cuentan ni el que planta, ni el que riega, en comparación con Dios que hace crecer” (1Co 3,6-7)
Misión
Envío de los Misioneros “Id también vosotros” la llamada no se dirige sólo a los Pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión a favor de la iglesia y del mundo. “Id y haced discípulos de todos los pueblos enseñándoles a cumplir todo lo que yo os he mandado, dice el Señor. Y yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28,20) Con la llegada de los misioneros y la solemne ceremonia del envío cada equipo va al lugar de trabajo procurando iniciar las actividades en un ambiente de entusiasmo, lleno del colorido propio de las fiestas populares. Para la formación de una comunidad de alegría, de trabajo y de oración es muy fácil realizar una convivencia. Su finalidad es integrar a los misioneros que vienen de lejos, con las personas del lugar que se han destacado en la preparación de la misión Instalados en el hogar, que les ha abierto las puertas, deben adaptarse a él con gran delicadeza y sencillez de espíritu. Los componentes de ese hogar serán su familia durante los días de la Misión. Una imprudencia en este momento, no sólo causaría molestias a los organizadores, sino que pueden matar la Misión al inicio. “Querer y darse a querer” es la consigna en tales circunstancias. Reunión del equipo misionero: Según las condiciones del programa la mañana pertenece al equipo. Es el tiempo de la hermosa amistad; de la convivencia; de la evaluación de lo que se hizo el día anterior; de la programación del trabajo de la tarde y de la oración fervorosa. Si los integrantes del equipo no se conocían antes, es el momento de presentarse y de indicar, con sencillez, las cualidades cada uno puede poner a disposición del grupo de trabajo. Todos deben tener presente que el Señor nos ha dado diferentes carismas; facilidad para visitar las casas; fidelidad para transmitir mensajes; entonación para el canto; disposición para tocar algún instrumento; simpatía para animar las reuniones. Ser sinceros y auténticamente agradecidos con el Señor es fundamental en el momento de la presentación para poder programar los pasos siguientes. Ojalá que alguien recuerde, en la reunión, que es necesario entregarse de lleno al trabajo pero que la jornada tiene varios días de duración. Hay que saber dosificar las energías porque, de lo contrario, los misioneros estarán agotados, justamente en los últimos días, que generalmente son los más pesados. Visita a las Casas Las visitas domiciliarias son un momento clave del inicio de la Misión. Las de la mañana suelen tener el inconveniente de que las dueñas de casa están ocupadas de la limpieza y del almuerzo. Por la tarde hay que tomar en cuenta las teleseries que atraen a muchas personas. Pese a esto, no debe quedar puerta que no se golpee. Todos deben tener su oportunidad. Repartido convenientemente el sector, cada familia tiene derecho a escuchar las Palabras del Señor: “La paz. Sea en esta casa” Si las puertas se abren y reciben la invitación para entrar, preséntense los misioneros con sencillez y alegría: Nos envía la Comunidad… El Párroco desea saludar, por nuestro intermedio, a los miembros de esta familia e invitarlos a la Santa Misión. Luego interésense con cariño por los componentes de la familia; pregunten sus nombres, invítenlos a participar en la Misión y explíquenles con claridad, los diversos actos que se desarrollarán y los horarios de los mismos La Misión de los Niños: Quienes hayan quedado encargados de la Misión de los niños, asuman su responsabilidad con gran interés. Deben estar en sus puestos a la hora señalada aunque no haya llegado ningún niño Al atender a la infancia, realicen su trabajo a conciencia, teniendo en cuenta que fuera de catequizar a los niños enseñándoles a conocer y amar al amigo Jesús, está formando a cada uno de ellos a un pequeño misionero. Este volverá a casa entusiasmado con la Misión y motivará a sus padres para que asistan a las reuniones de la noche. Los cantos, los juegos, los slogans, los gritos harán entrar a los pequeños “en ambiente”. Será tiempo propicio para entregarles los contenidos preparados por ellos. Ténganse en cuenta los diferentes horarios escolares. Si es necesario poner un horario de Misión también por la mañana, hay que hacerlo. La consigna es atenderlos a todos. La Misión de Adultos: Fijada estratégicamente la hora de la Misión de adultos, el misionero esté puntualmente en el lugar señalado recibiendo, saludando e instalando a la gente lo más cómodamente que se pueda. Procure que en el arreglo de la sede o capilla y en la recepción de los asistentes, participen personas del lugar. Luego de la conveniente ambientación, entregue el mensaje señalado para el día. Hágalo de la manera programada por el equipo. No olvide que el Mensaje es la Palabra de Dios y tiene que proclamarla de manera digna. Para eso lo ha preparado y reflexionado, con anticipación. Pida al Señor que ponga en sus labios lo que ha de decir y luego entregue la Buena Noticia con clama y seguridad. Momento vital de las jornadas misioneras es el “Encuentro” en vivo y en directo con el Señor sea por una celebración de la palabra o de la Eucaristía. Preparada la Misión en equipo y con gran esmero, deben quedar claramente indicados no solamente los cantos, lecturas bíblicas, oraciones y ceremonias sino que también su orden correspondiente y las personas encargadas de su realización. Debe evitarse toda vacilación, todo tropiezo. Es muy importante solicitar la participación de los hermanos del sector misionado. Es menester que ellos se vayan habituando a componer el guión de una celebración y a proclamar en público la palabra de Dios Hay que asegurar la dignidad, la profundidad, la continuidad y la variedad en este momento misionero en que el Señor se hace presente de manera especialísima. Los momentos de silencio son muy aconsejables en este tiempo dedicado a la comunicación más directa con el Padre Dios. Reuniones Especializadas: Puede ser que después de la Misión de los adultos haya que realizar reuniones especializadas con jóvenes, matrimonios, obreros, profesionales, etc. La Pre-Misión ha debido preparar las ambientaciones, los temarios, las dinámicas. El equipo designe al encargado de prestar este servicio y apóyelo con generosidad. Prepárese el misionero con esmero estudiando bien su tema, rezando y solicitando la ayuda de sus compañeros. De todos modos, tenga en cuenta que, la mejor manera de comunicarse con los demás, es amándolos y esforzándose por entregar lo mejor de sí y de sus experiencias. En esta ocasión, un diálogo iniciado con quienes le escuchan es sumamente enriquecedor para todos. Además ayudará a los asistentes a perder el temor de hablar y darse cuenta de que son capaces de aportar algo de provecho. Cuando partan los misioneros, podrán solos continuar con estas reuniones comunitarias. En todo caso, entregue su mensaje con mucha confianza y seguridad. En ese momento él tiene una gracia especial de Dios para que su palabra sea bien recibida y acogida por sus hermanos.
Post- Misión
Como todo regalo de Dios, la Misión puede ser fácilmente echada al trajín, o no aprovechada suficientemente. Puede llegar a convertirse en tizón que humea, pero no resplandece ni ilumina, ni menos enciende y calienta. En realidad el trabajo verdadero comienza cuando los misioneros parten. Es el momento propicio para revisar, con atención, las evaluaciones, apuntes, notas y comunicaciones dejadas por los misioneros. Los pastores de todos los días, animadores, párrocos y religiosos, reúnanse con sus equipos pastorales para hacer esa revisión, Conéctense, cuanto antes, con las personas que han despertado al Señor durante esos días de gracias. Soliciten con interés su cooperación y entréguenles, de inmediato, cualquier responsabilidad que los comprometa con un servicio a la Comunidad, por pequeño que sea. Revisión del plan Pastoral: Con el retorno de los misioneros a sus actividades habituales, llega el instante de revisar el plan pastoral ordinario y analizar y programar los elementos nuevos que la Misión ha dejado para vitalizarlo. Si este plan no existe o no hace vibrar el corazón del Pastor es muy probable que la Misión sólo haya sido un maravilloso tiempo de fuegos artificiales. Con el alejamiento de los “Pastores de ocasión” la comunidad misionera debe probar sus propias fuerzas. Es necesario continuar con reuniones periódicas como las efectuadas durante la Misión. Léase y coméntese en ellas, la Palabra de Dios y revísese la vida comunitaria realizando estos encuentros con cánticos y oraciones. No es Comunidad cristiana la que se encierra en sí misma sin tener ninguna proyección social. Por eso es muy importante reflexionar en el aporte que los hermanos están dando, a la promoción humana y a la transformación del sector misionado.
lunes, 26 de abril de 2010
¿Cómo preparar una Misión? Introducción: Para que una actividad humana resulte bien, es necesario tener muy claro su objetivo. Con mayor razón lo debe tener una misión. El objetivo de la Misión tiene que estar en estrecha relación con las necesidades pastorales de la zona que se va a misionar. Estas pueden ser: - Una evangelización más a fondo - Detectar agentes pastorales - Despertar el espíritu misionero - Poner en marcha un plan pastoral - Unificar criterios pastorales - Robustecer espiritualmente los grupos comprometidos - Inquietar a los cristianos alejados Ordinariamente estos objetivos se engloban en un objetivo general que se divide en varios específicos. En la preparación de una Misión se distinguen tres etapas bien diferentes: La etapa de la motivación: El personal consagrado: obispo, párroco, sacerdotes, religiosos(as), debe entusiasmar a los laicos más comprometidos y por su intermedio a todos los cristianos, despertando en ellos el interés por la importancia y el significado de la Misión y por, lo que se pretende en ella. Esta motivación se puede lograr por medio de encuentros, homilías, comités, oraciones, cartas, visitas domiciliarias, afiches, promoción radial, etc. La etapa de la organización: Se trata de buscar una estructura mínima y adecuada tanto en los recursos humanos como geográficos, para obtener un buen resultado de la Misión. Entre los recursos humanos se necesita: - Un Comité Central que es el responsable más importante y la instancia última de la Misión. A él le corresponde la organización general; el control de las actividades de los comités parroquiales; la propaganda a nivel general; la relación con las autoridades; el financiamiento de la misión; la programación de las jornadas; lema, himno, afiche, oración, etc. - Equipos Parroquiales que toman a su cargo la marcha de la Misión en sus respectivas parroquias. Estos equipos se pueden subdividir, según el caso en equipos de zonas y sectores. Entre los elementos geográficos se requiere: - Confeccionar un mapa de la ciudad o parroquia que se misiona - Determinar las diferentes sectores geográficos que se misionarán - Elegir los locales concretos en que funcionará la Misión - Detectar los posibles hospedajes de los misioneros. La etapa de la formación: Se trata de capacitar de la mejor manera posible a todos los agentes pastorales que van a intervenir en la Misión Para esto necesitamos: - Contar con personal formador especializado - Organizar cursos a diferentes niveles y tratar de participar en los mismos - Procurar que la formación no se quede en un nivel teórico sino que sea vivencial y comprometida. - Mantener y acrecentar, por medio de la oración la unión con Dios nuestro Padre, con su Hijo Jesús nuestro hermano, con el Espíritu Santo y con María
¿Qué se hace en una Misión?
La Misión se inicia con la llegada de los misioneros ( sacerdotes, religiosos(as) y laicos), con la Celebración del Envío hecha por la autoridad eclesiástica y con la partida de los grupos al sector que les toca misionar. Para que esto resulte sin contratiempos se necesita puntualidad y respeto al programa confeccionado Hay que tener presente que en toda misión debe haber un programa meticulosamente preparado. En él se señalan las diversas actividades del día, los responsables de cada una de ellas y las horas en que deben realizarse. Las actividades suelen ser: a) Por la mañana reunión del Equipo Misionero. Se comienza con una oración comunitaria con o sin participación del pueblo Se estudia detenidamente el tema que se tratará en el día. Se confecciona el material que su usará: escarapelas, signos, carteles, etc. b) Por la tarde: Se realizan las visitas domiciliarias c) Por la noche: Se realizan las reuniones más importantes ya sean grupales o masivas cada misionero tiene su papel bien definido Cada reunión suele tener los siguientes momentos: Acogida bondadosa de los participantes; Oración comunitaria; Proclamación de la Palabra, contemplada en el tema correspondiente Comentario del Texto; con participación de los asistentes Cantos Signos alusivos al tema Compromisos concretos para el día siguiente Despedida Ciertos días, especialmente elegidos, se realizan reuniones y celebraciones de carácter masivo, por ejemplo: Renovación de las promesas del bautismo Celebración del Trabajo Vía Crucis Rosario de la Aurora Liturgia a la Virgen María
¿Cómo confeccionar un Temario?
Introducción: Sea cual sea la finalidad de una Misión nos parece que hay temas que siempre deben estar presentes en ella. Estos son: o Dios Padre todos los Hombres (E.N. 26) o El Reino de Dios (E.N. 27) o La Iglesia (L.G. 9; E.N.13) o La Virgen María (L.G. 66 ; P.282) o El Hombre y su dignidad (E.N.30-31) No olvidar que todo temario debe responder a la realidad del lugar y en forma coherente con el objetivo que se propone en la Misión.(E.N. 20) No debe ser abstracto sino muy concreto, eminentemente liberador y centrado en una visión evangélica del hombre (E.N. 31 - 35) Todo tema a desarrollarse debe enmarcarse dentro de una unidad, teniendo presente la continuidad y coherencia con el objetivo, no dejando nada al azar o a la capacidad de improvisación del misionero. o Distinto será el temario cuando: o Se quiere poner en marcha un plan pastoral o Se desee revitalizar un plan ya puesto en marcha o Se pretenda reanimar una Comunidad Cristiana o Se desee iniciar una Evangelización o Se predica la Misión para solemnizar una fiesta patronal, etc.
viernes, 23 de abril de 2010
Palabra de Dios en la tarea misionera de la Iglesia
El asunto de la presencia de la Palabra de Dios en la actividad misionera es un asunto de vital importancia, muy central. Entre ambas realidades hay vínculos permanentes y muy intensos. Se trata de un tema interesante e importante para reflexionar.
Para abordar bien este asunto hay que comenzar explicitando un presupuesto fundamental, que se refiere a nuestra imagen de Dios. El Dios cristiano es un Dios personal, que busca establecer un diálogo con la humanidad. Es un Dios que habla, que se comunica de muchas y muy variadas formas (cf. Hebreos 1,1-2). Se trata de un Dios de amor (cf. 1 Juan 4,8), de un Dios dialogante, de un Dios a quien le importa la vida plena de sus criaturas, precisamente porque somos sus hijos e hijas, creados para conocerlo a Él y entrar en su intimidad.
Además de lo anterior, hay que explicitar que plantearse una reflexión sobre la «Palabra de Dios» es un asunto amplísimo. Dios ha hablado y habla de modos muy diversos. Nos habla por medio de la creación; por medio de los acontecimientos sociales; por medio de las personas humanas de toda clase y condición; por medio de la comunidad cristiana; por los grandes Santos del pasado y del presente; por la palabra de la Jerarquía de la comunidad cristiana; por el caminar de cada iglesia diocesana y grupo religioso; nos habla por medio de nuestros sentimientos y anhelos personales; por las alegrías y esperanzas, por los dolores y tristezas de la humanidad toda. Aquí no podemos planteamos la pregunta en su sentido total; es decir, del modo de relacionar la Palabra de Dios en cualquier circunstancia o condición humana con la tarea misionera. Nuestro objetivo es muchísimo más modesto: se trata fundamentalmente de planteamos una pregunta por la Biblia como espacio o instrumento para entrar en un diálogo de amor con el Señor de nuestra vida, y por lo mismo como un instrumento misionero.
La palabra de Dios dirigida a toda persona humana
Aunque nuestro acento esté puesto en la Biblia, es indispensable referirse primeramente a la experiencia más amplia del encuentro con la Palabra de Dios presente en la creación misma. El Dios creador ha dejado su huella en cada una de sus creaturas, la que por medio de su misma existencia nos deja entrever al creador, nos habla del creador. Es lo que plantea san Pablo en Romanos 1,18-32, con un planteamiento que se ha hecho clásico. «Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad» (Romanos 1,20). Dios se hace presente por medio de la maravilla de todo lo creado.
Pero Dios también se hace presente en las búsquedas humanas, en el caminar social de la humanidad. Nuevamente es Pablo, en el episodio del Areópago de Atenas el que nos puede servir de referencia importante (Hechos de los Apóstoles 17,22-34). Allí Pablo habla a los atenienses del Dios desconocido al cual ellos adoran, que es el mismo Dios del cual Pablo viene a hablarles. Es decir, el apóstol no vacila en relacionar su predicación con la búsqueda religiosa de los griegos; para él es evidente que es el mismo Dios bíblico el que ha estado tras este camino espiritual de los paganos. La Iglesia, en su práctica misionera a lo largo de la historia ha usado muchas veces este procedimiento, con procedimientos que algunos llaman «sincretismo religioso», pero que bien puede ser visto desde este otro punto de vista, que lo hace muy válido. La ubicación de los lugares de culto cristiano en los mismos lugares de culto usados por los no cristianos, es otro dato firme de la historia. Hoy día este tema se expresa en el complejo tema del diálogo interreligioso, que tiene como pre-supuesto que las religiones no cristianas no son simples aberraciones que es necesario suprimir, sino que en ellas hay se ha alcanzado algo del Dios verdadero; al punto que la Iglesia puede aprender algo de ellas.
Pero no basta con hablar de búsquedas sólo en el ámbito religioso. Las búsquedas humanas en toda su amplitud han sido también caminos por medio de los cuales Dios va hablando y conduciendo a la humanidad. Incluso en aquellas búsquedas que nacen en contradicción con la institución eclesial. De tiempos recientes, baste recordar los ideales «paganos» de la Revolución Francesa de Libertad, Igualdad y Fraternidad, o los trabajos en pro de la Democracia, tan mal mirados por la Iglesia que ungía a los reyes. O incluso la formulación de Derechos del Hombre y del Ciudadano, que se hace desde fuera del ámbito eclesiástico y en conflicto con él, hasta desembocar en los Derechos Humanos. Un verdadero espíritu misionero tiene que ampliar el horizonte de su corazón para reconocer las «semillas del Verbo» presentes en los caminos de la humanidad. Incluso con un sano matiz de relativización de los conflictos con las estructuras eclesiásticas.
Dios también habla en el anhelo profundo del corazón humano, en su búsqueda de verdad y de bien. Es decir, la huella del creador; también la puede reconocer un individuo que se toma en serio la tarea de ser profundamente fiel a sí mismo, a la verdad que el Creador dejó inscrita en lo hondo del corazón. Esta dimensión es muy sensible en la actualidad, en que las personas viven complicadamente el proceso de clarificación de sus anhelos internos, y por lo mismo van aprendiendo a valorarlos de modo creciente.
De todo lo anterior, que no son más que alusiones a temas muy amplios y complejos, surge con claridad un asunto básico en cuanto al tema «Palabra de Dios y tarea misionera»: el misionero no es el que va a comunicar algo que el misionado ignora enteramente; toda persona, por el mismo hecho de existir y tener una mínima lucidez sobre sí mismo, ha conocido ya algo de Dios; ha escuchado algo de su palabra. Y el misionero tiene que ser capaz de proponer el anuncio explícito de un modo tal que quien lo escucha pueda reconocer que esa palabra se relaciona con lo que interiormente ya había intuido por sí mismo. Si lo escuchado no se relaciona en modo alguno con sus anhelos interiores, no será capaz de asumir enteramente su humanidad; y lo que no es asumido no es redimido.
Esto recién dicho creo que no vale solamente para los «pueblos paganos», es decir, de mundos enteramente alejados de la influencia cultural del cristianismo, sino que es igualmente válido para el número cada vez mayor de personas que en medio nuestro se sienten distantes de la propuesta cristiana; al menos tal como ellos la entienden hasta el momento. Es decir, en que hay algún nivel de fe, pero que experimentan esa fe como en contradicción con su racionalidad e incluso a veces con sus sentimientos. Es decir, personas que a veces no han roto formalmente con el cristianismo, pero que éste no está siendo un alimento de vida, un verdadero sentido para su existencia.
La misión surge del encuentro con la Palabra
La Iglesia es una con-vocación. La Iglesia tiene que ver con un llamado; con alguien que llama y con una palabra que se dirige, que convoca. El llamado de los primeros apóstoles es muy claro en este sentido (cf. Marcos 1,16-20; Mateo 4,18-22; Lucas 5,1-11; 9,57-62; Juan 1,32-51 La Iglesia nace de la Palabra, y de la Iglesia surge la misión, bajo el impulso y la conducción del Espíritu. Es la Palabra la que suscitando la comunidad de los creyentes y alimentándola diariamente está a la base de toda misión cristiana.
Es lo que san Pablo sistematiza más señalando que la fe nace del oír, lo que hace indispensable la tarea de la predicación de la palabra (Romanos 10,14-17). Es la palabra acogida la que mueve a la conversión del corazón porque ayuda a conocer y confiarse en el amor que Dios tiene por cada creatura (1 Juan 4,16). Es esta palabra recibida la que nos enseña a creer en Jesús, a acoger su amor entregado y conocer el poder de su resurrección (es lo que con tanta claridad plantean los discursos kerygmáticos de Hechos de los Apóstoles).
Lo que acabamos de plantear también se puede señalar respecto de cada individuo en particular. Cada uno de nosotros está invitado a dejarse interpelar por la palabra de Dios, que como espada de doble filo escruta nuestro interior (Hebreos 4,12-13). Acoger la palabra no es «interpretarla», sino dejar que ella misma sea la que nos «interpreta» a nosotros. Somos nosotros los que a la luz de la Palabra quedamos al descubierto en todas nuestras interioridades.
Lo anterior implica que el mejor misionero no es necesariamente el que tiene más conocimientos ni el que es moralmente más recto; sino aquel que ha vivido la experiencia de un encuentro en el Espíritu con esa verdad que transforma la vida. El que ha dejado entrar en su interior la espada de la Palabra de Dios. Dicho en otros términos, quien ha aprendido a vivir un encuentro espiritual (en el Espíritu) con la Palabra de Dios; un encuentro que ha transformado su vida desde la misma raíz. y para esto haya sido posible ciertamente que ha experimentado que esa palabra oída se entroncaba con sus anhelos humanos más profundos. Es una palabra que trae paz y gozo, porque es la palabra que responde a la sed del corazón. La Samaritana es una buena misionera frente a sus hermanos, luego que ha sido literalmente desarmada por la palabra de Jesús (ver Juan 4,1-42; pero de modo especial el v. 29).
Es el gozo de la palabra acogida que ha transformado la propia vida el que se desborda a modo de impulso misionero. Los que han recibido los milagros de Jesús son los que de inmediato salen a proclamar su fuerza salvadora.
La misión como anuncio de la Palabra
Ser misionero es ser enviado por alguien para cumplir una determinada misión, habitualmente en favor de alguien muy concreto. El envío es de Dios mismo, que elige por medio de su Espíritu. Como dice Pablo «Somos embajadores de Cristo, como si Dios mismo exhortara por medio nuestro...» (2 Corintios 5,20). O como dice Jesús: «Quien a ustedes los recibe, a mí me recibe, y quien a ustedes los rechaza, a mí me rechaza» (cf. Marcos 9,37; Mateo 10,40; 18,5; Lucas 9,48; 10,16; Juan 12,44-45; 13,20). El misionero es enviado por Dios, quien lo envía por medio de la palabra de Cristo y la fuerza del Espíritu. Es finalmente el Espíritu el que llama y envía a la misión (cf. Hechos de los Apóstoles 13,1-3).
El envío no es genérico, «al mundo», sino orientado a unos destinatarios concretos. Y estos son siempre aquellos que no han conocido la bondad de Dios. Sea porque están lejos o porque hay un «muro» que los separa de los creyentes (cf. Efesios 2,14-18), o porque su condición humana muy dolorosa les ha impedido acoger el amor de Dios (enfermedad, carencias extremas), o porque por su propio pecado se encuentran lejos del poder salvífico de Dios. Los privilegiados del envío misionero no son los poderosos ni los fuertes o justos, sino los pobres y abandonados, que son los que necesitan de modo preferente la Palabra de la Vida, con independencia de si su situación se debe a su propia culpa o a culpa de otros.
Hay alguien que envía y hay un destinatario de la misión. Pero ¿cuál es el mensaje? El mensaje no es otro que la Palabra «de» Dios, que anuncia la cercanía de su reinado y la bondad misericordiosa de Dios. Se trata de un kerygma, de un anuncio gozoso de una buena noticia, de un evangelio. Y la buena noticia es una palabra de Dios mismo, una palabra de gracia (cf. Lucas 4,16-27; de modo especial el v. 22).
De aquí surge una responsabilidad fundamental del misionero: ser capaz de transmitir la palabra de Dios sin transformarla en una palabra sobre Dios, ni mucho menos en una serie de normas o conceptos que deban ser aceptados. El misionero tiene que ser como Juan Bautista, capaz de desaparecer él mismo para que brille el resplandor de la palabra que está anunciando (cf. Juan 3,30). Se trata de la necesidad de ser mensajeros transparentes el mensaje que nos ha sido confiado.
La Palabra de Dios tiene un carácter de Buena Noticia, que el mensajero también tiene que cuidar y mantener. Esto implica muchas veces un esfuerzo de fidelidad creativa, que lleva a la necesidad de transmitir la palabra de un modo apropiado; es decir, de un modo tal que conserve su carácter interpelador de buena noticia. Con frecuencia aquí hay un trabajo grande de adaptaciones culturales y de creatividad en el modo de comunicar el mensaje.
Para que la Palabra sea efectivamente Palabra espiritual, que toque la vida del oyente y la transforme, debe ser una Palabra proclamada en directa relación con el oyente. Es decir, la proclamación de la Palabra tiene siempre una dimensión dialogal insustituible. Jesús mismo es un hombre de diálogo; el método parabólico es un método de diálogo. Y para poder dialogar apropiadamente hay que saber situarse en el lugar del interlocutor, arriesgarse a ver el mundo con los ojos con los que él lo ve; hay que asumir sus dificultades y oscuridades. Hay que hacer junto con el otro un camino que conduzca al encuentro con la verdad. No basta con la simple proclamación de las verdades, si esta no va acompañada de un camino que ayude a entenderlas como Palabra de vida; eso las puede transformar en letra que mata, impidiéndoles ser Palabras de Gracia. Para poder ser misionero, hay que conocer y querer la realidad de aquel al cual uno se dirigirá. En caso contrario arriesgamos seriamente ser anunciadores de una palabra muerta.
Después de estas consideraciones generales puede ser útil atender a dos aspectos muy concretos. Primero la predicación como el modo habitual de anunciar y explicitar el sentido de la palabra. Todo lo que se pueda insistir en la necesidad de predicar la Palabra, y no sobre otras cosas, es fundamental. y predicar de la palabra de modo teologal (como encuentro con la fuerza salvífica de Dios) y no simplemente de modo moralizante. Es verdad que esto supone formación, preparación inmediata y remota y oración; pero se trata de un asunto cualitativamente muy importante. No sería justo descuidarlo. Creo que si sometiéramos el conjunto de la predicación eclesial a una evaluación por parte de un juez imparcial, casi ciertamente saldríamos reprobados. Este es un camino en el cual hay muchísimo que avanzar, y es un tema en el que las personas están clamando por una mejor predicación. De modo especial cuando se trata de personas que están alejadas de la vida eclesial.
En segundo lugar cabe señalar que el anuncio misionero de la Palabra de Dios debiera ir siempre unido a una entrega del texto bíblico. No la simple entrega material, sino enseñando a encontrarse con él como Palabra espiritual, como espacio de oración. Nuevamente creo que aquí tenemos un largo camino por recorrer; como Iglesia católica hemos sido torpes para ayudar a la gente a sentirse en la Biblia como «en su casa», es decir, en un espacio en el cual tengan la sensación de estar tranquilos, en lo propio, con posibilidad de encontrarse con Dios en la serenidad de lo cotidiano. Hemos transmitido mucha información objetiva, creo que en general buena, pero hemos fallado en formar en vistas de una lectura espiritual de los textos, que haga de ellos un instrumento habitual de oración. Aquí tenemos una tarea aún pendiente, que es muy necesaria para consolidar procesos misioneros consistentes.
A modo de conclusión
El nexo entre Palabra de Dios y Misión es permanente. Viene desde la huella misma del creador en la creatura, y pasa por la revelación histórica de Dios en Jesús de Nazaret, que es lo que le da fuerza y sentido a toda la Biblia. Ambos caminos para el encuentro con la palabra de Dios deben trabajarse en forma simultánea, porque se potencian mutuamente; y el uno aislado del otro corre riesgos graves de desperfilarse y perder el rumbo.
La presencia de la Biblia en la tarea misionera cristiana es importante. Es la Palabra acogida la que nos envía a la misión; y la misión es la proclamación de la Palabra de Aquel que nos envía como Palabra de vida plena. Para que ello sea posible, el amor a la Palabra y el amor al destinatario de nuestro mensaje son igualmente importantes.