sábado, 3 de octubre de 2009

viernes, 2 de octubre de 2009


Ángeles Custodios
Cada persona tiene un ángel custodio, Octubre 2



Dios ha asignado a cada hombre un ángel para protegerle y facilitarle el camino de la salvación mientras está en este mundo. Afirma a este respecto San Jerónimo: “Grande es la dignidad de las almas cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia”.

En el antiguo testamento se puede observar cómo Dios se sirve de sus ángeles para proteger a los hombres de la acción del demonio, para ayudar al justo o librarlo del peligro, como cuando Elías fue alimentado por un ángel (1 Reyes 19, 5.)
En el nuevo testamento también se pueden observar muchos sucesos y ejemplos en los que se ve la misión de los ángeles: el mensaje a José para que huyera a Egipto, la liberación de Pedro en la cárcel, los ángeles que sirvieron a Jesús después de las tentaciones en el desierto.

La misión de los ángeles custodios es acompañar a cada hombre en el camino por la vida, cuidarlo en la tierra de los peligros de alma y cuerpo, protegerlo del mal y guiarlo en el difícil camino para llegar al Cielo. Se puede decir que es un compañero de viaje que siempre está al lado de cada hombre, en las buenas y en las malas. No se separa de él ni un solo momento. Está con él mientras trabaja, mientras descansa, cuando se divierte, cuando reza, cuando le pide ayuda y cuando no se la pide. No se aparta de él ni siquiera cuando pierde la gracia de Dios por el pecado. Le prestará auxilio para enfrentarse con mejor ánimo a las dificultades de la vida diaria y a las tentaciones que se presentan en la vida.

Muchas veces se piensa en el ángel de la guarda como algo infantil, pero no debía ser así, pues si pensamos que la persona crece y que con este crecimiento se tendrá que enfrentar a una vida con mayores dificultades y tentaciones, el ángel custodio resulta de gran ayuda.

Para que la relación de la persona con el ángel custodio sea eficaz, necesita hablar con él, llamarle, tratarlo como el amigo que es. Así podrá convertirse en un fiel y poderoso aliado nuestro. Debemos confiar en nuestro ángel de la guarda y pedirle ayuda, pues además de que él nos guía y nos protege, está cerquísima de Dios y le puede decir directamente lo que queremos o necesitamos. Recordemos que los ángeles no pueden conocer nuestros pensamientos y deseos íntimos si nosotros no se los hacemos saber de alguna manera, ya que sólo Dios conoce exactamente lo que hay dentro de nuestro corazón. Los ángeles sólo pueden conocer lo que queremos intuyéndolo por nuestras obras, palabras, gestos, etc.
También se les pueden pedir favores especiales a los ángeles de la guarda de otras personas para que las protejan de determinado peligro o las guíen en una situación difícil.
El culto a los ángeles de la guarda comenzó en la península Ibérica y después se propagó a otros países. Existe un libro acerca de esta devoción en Barcelona con fecha de 1494.

Cuida tu fe

Actualmente se habla mucho de los ángeles: se encuentran libros de todo tipo que tratan este tema; se venden “angelitos” de oro, plata o cuarzo; las personas se los cuelgan al cuello y comentan su importancia y sus nombres. Hay que tener cuidado al comprar estos materiales, pues muchas veces dan a los ángeles atribuciones que no le corresponden y los elevan a un lugar de semi-dioses, los convierten en “amuletos” que hacen caer en la idolatría, o crean confusiones entre las inspiraciones del Espíritu Santo y los consejos de los ángeles.

Es verdad que los ángeles son muy importantes en la Iglesia y en la vida de todo católico, pero son criaturas de Dios, por lo que no se les puede igualar a Dios ni adorarlos como si fueran dioses. No son lo único que nos puede acercar a Dios ni podemos reducir toda la enseñanza de la Iglesia a éstos. No hay que olvidar los mandamientos de Dios, los mandamientos de la Iglesia, los sacramentos, la oración, y otros medios que nos ayudan a vivir cerca de Dios.

jueves, 1 de octubre de 2009

MES DE LAS MISIONES


Octubre mes de las Misiones
La Iglesia Católica vive el mes de octubre dedicado a despertar el Espíritu Misionero en los fieles


La Iglesia Católica vive el mes de octubre dedicado mundialmente a despertar el Espíritu Misionero en los fieles, con gestos de solidaridad hacia los 200,000 misioneros que entregan sus vidas por el anuncio del Evangelio en el mundo.

Durante este mes, llamado "Mes de las Misiones" se intensifica la animación misionera, uniéndonos todos en oración, el sacrificio y el aporte económico a favor de las misiones, a fin de que el evangelio se proclame a todos los hombres.

El domingo 19 de octubre se celebrá la Jornada Mundial de las Misiones "Domund" en todas las Iglesias locales, como fiesta de la catolicidad y de solidaridad universal. La colecta de este día es destinada al fondo universal para las misiones más necesitadas.

Juan Pablo II en el Nº 72 de la Redemptoris Missio, menciona a los "movimientos eclesiales dotados de dinamismo misionero" que, "cuando se integran con humildad en la vida de las iglesias locales y son acogidos cordialmente por los Obispos y sacerdotes en las estructuras diocesanas y parroquiales, representan un verdadero don de Dios para la nueva evangelización y para la actividad misionera propiamente dicha".


Queridísimos hermanos y hermanas:

El compromiso misionero de la Iglesia constituye, también en este comienzo del tercer milenio, una urgencia que en varias ocasiones he querido recordar. La misión, como he recordado en la Encíclica Redemptoris Missio, está aún lejos de cumplirse y por eso debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio (cfr. n.1). Todo el Pueblo de Dios, en cada momento de su peregrinar en la historia, está llamado a compartir la "sed" del Redentor (cfr Jn 19, 28). Los santos han advertido siempre con mucha fuerza esta sed de almas que hay que salvar: baste pensar, por ejemplo, a santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones, y a monseñor Comboni, gran apóstol de África, que he tenido la alegría de elevar recientemente al honor de los altares.

Consagrados y enviados para la misión

Todos nosotros, miembros de la Iglesia e impulsados por el mismo Espíritu, somos consagrados, aunque de diverso modo, para ser enviados: por el bautismo se nos confía la misma misión de la Iglesia. A todos se nos llama y todos estamos obligados a evangelizar, y esta misión fontal, común a todos los cristianos, ha de constituir un verdadero "acicate" cotidiano y una solicitud constante de nuestra vida.

Es muy bello y estimulante recordar la vida de las comunidades de los primeros cristianos, cuando éstos se abrían al mundo, al que por vez primera miraban con ojos nuevos: era la mirada de quien ha comprendido que el amor de Dios se debe traducir en servicio por el bien de los hermanos. El recuerdo de su experiencia de vida me induce a reafirmar la idea central de la reciente encíclica: "La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!"(n. 2). Sí, la misión nos ofrece la extraordinaria oportunidad de rejuvenecer y embellecer a la Esposa de Cristo y, al mismo tiempo, nos hace experimentar una fe que renueva y fortalece la vida cristiana, precisamente porque se dona.

Pero la fe que renueva la vida y la misión que fortalece la fe no pueden ser tesoros escondidos o experiencias exclusivas de cristianos aislados. Nada está tan lejos de la misión como un cristiano encerrado en sí mismo: si su fe es sólida, está destinada a crecer y debe abrirse a la misión.

El primer ámbito de desarrollo del binomio fe-misión es la comunidad familiar. En una época en la que parece que todo concurre a disgregar esta célula primaria de la sociedad, es necesario esforzarse para que sea, o vuelva a ser, la primera comunidad de fe, no sólo en el sentido de la adquisición, sino también del crecimiento, de la donación y, por tanto, de la misión. Es hora de que los padres de familia y los cónyuges asuman como deber esencial de su estado y vocación evangelizar a sus hijos y evangelizarse recíprocamente, de modo que todos los miembros de la familia y en toda circunstancia -especialmente en las pruebas del sufrimiento, la enfermedad y la vejez- puedan realmente recibir la Buena Nueva. Se trata de una forma insustituible de educación a la misión y de preparación natural de las posibles vocaciones misioneras, que casi siempre encuentran su cuna en la familia.

Otro ámbito, asimismo importante, es la comunidad parroquial, o la comunidad eclesial de base, la cual, mediante el servicio de sus pastores y animadores, debe ofrecer a los fieles el alimento de la fe e ir en busca de los alejados y extraños, realizando así la misión. Ninguna comunidad cristiana es fiel a su cometido si no es misiones: o es comunidad misionera o no es ni siquiera comunidad cristiana, pues se trata de dos dimensiones de la misma realidad, tal como es definida por el bautismo y los otros sacramentos. Además, este empeño misionero de cada comunidad reviste la máxima urgencia hoy que la misión, entendida incluso en el sentido específico de primer anuncio del Evangelio a los no-cristianos, está llamando a las puertas de las comunidades cristianas de antigua evangelización y se presenta cada vez más como "misión entre nosotros".

Motivo de esperanza, para responder a las nuevas exigencias de la misión actual, son asimismo los Movimientos y grupos eclesiales, que el Señor suscita en la Iglesia para que su servicio misionero sea más generoso, oportuno y eficaz.

Cómo cooperar en la actividad misionera de la Iglesia.

Si todos los miembros de la Iglesia son consagrados para la misión, todos son corresponsables de llevar a Cristo al mundo con la propia aportación personal. La participación en este derecho-deber se llama "cooperación misionera" y se enraiza necesariamente en la santidad de vida: sólo injertados en Cristo, como los sarmientos en la vid (cf. Jn 15, 5), daremos mucho fruto. El cristiano que vive su fe y observa el mandamiento del amor dilata los horizontes de su actuación hasta abarcar a todos los hombres mediante la cooperación espiritual, hecha oración, sacrificio y testimonio, que permitió proclamar co-patrona de las misiones a santa Teresa del Niño Jesús, aunque nunca fue enviada a la misión.

La oración debe acompañar el camino y la obra de los misioneros para que la gracia divina haga fecundo el anuncio de la Palabra. El sacrificio, aceptado con fe y sufrido con Cristo, tiene valor salvífico. Si el sacrificio de los misioneros debe ser compartido y sostenido por el de los fieles, entonces todo el que sufre en el espíritu y en el cuerpo puede llegar a ser misionero, si ofrece con Jesús al Padre los propios sufrimientos. El testimonio de vida cristiana es una predicación silenciosa, pero eficaz, de la palabra de Dios. Los hombres de hoy, aparentemente indiferentes a la búsqueda del Absoluto, experimentan en realidad su necesidad y se sienten atraídos e impresionados por los santos que lo revelan con su vida.

La cooperación espiritual en la obra misionera debe tender sobre todo a promover las vocaciones misioneras. Por eso, invito una vez más a los jóvenes y a las jóvenes de nuestro tiempo a decir "sí", si el Señor les llama a seguirlo con la vocación misionera. No hay opción más radical y valiente que ésta: dejan todo para dedicarse a la salvación de los hermanos que no han recibido el don inestimable de la fe en Cristo.

La Jornada mundial de las misiones une a todos los hijos de la Iglesia, no sólo en la oración, sino también en el esfuerzo de solidaridad, compartiendo la ayuda y bienes materiales para la misión ad gentes. Tal esfuerzo responde al estado de necesidad que sufren tantas personas y poblaciones de la tierra. Se trata de hermanos y hermanas que, necesitados de todo, viven principalmente en los países identificados con el Sur del mundo y que coinciden con los territorios de misión. Los pastores y los misioneros necesitan, pues, medios ingentes, no sólo para la obra de la evangelización -que es, ciertamente, primaria y onerosa-, sino también para salir al paso de las múltiples necesidades materiales y morales mediante las obras de promoción humana que acompañan siempre a toda misión.

Ojalá que la celebración de la Jornada mundial de las misiones sea un estímulo providencial para poner en marcha las estructuras de caridad y para que cada uno de los cristianos y sus comunidades den testimonio efectivo de la caridad. Se trata de "una cita importante en la vida de la Iglesia, porque enseña cómo se ha de dar: en la celebración eucarística, esto es, como ofrenda a Dios, y para todas las misiones del mundo" (Redemptoris missio, 81).

La animación de las Obras Misionales Pontificias.

En la obra de animación y cooperación misionera, que atañe a todos los hijos de la Iglesia, deseo reafirmar el cometido peculiar y la responsabilidad específica que incumben a las Obras Misionales Pontificias, como lo hice destacar ya en la citada encíclica (cf. n. 84).

Las cuatro Obras -Propagación de la fe, San Pedro Apóstol, Infancia Misionera y Unión Misional- tienen como objetivo común promover el espíritu misionero en el pueblo de Dios. Son la expresión de la universalidad en las Iglesias locales.

Deseo recordar especialmente la Unión Misional, que celebra su 75º aniversario de fundación. Tiene el mérito de realizar un esfuerzo continuo de sensibilización entre los sacerdotes, religiosos, religiosas y animadores de las comunidades cristianas, para que el ideal misionero se traduzca en formas adecuadas de pastoral y de catequesis misionera.

Las Obras Misionales deben ser las primeras en llevar a la práctica cuanto afirmé en la encíclica: "Las Iglesias locales, por consiguiente, han de incluir la animación misionera como elemento primordial de su pastoral ordinaria en las parroquias, asociaciones y grupos, especialmente los juveniles" (n. 83). Las Obras Misionales han de ser protagonistas de este importante mandato en la animación, formación misionera y organización de la caridad para la ayuda a las misiones.

Pero, una vez recordada la función de estas Obras y el empeño permanente en favor de la misión, no puedo terminar esta exhortación sin hacer llegar expresamente a los misioneros y misioneras -sacerdotes, religiosos y laicos esparcidos por el mundo- una expresión de afectuoso agradecimiento y estímulo, para que perseveren con confianza en su actividad evangelizadora, aun cuando llevarla a cabo pueda costar y cueste los mayores sacrificios, incluso el de la vida.

Queridísimos misioneros y misioneras: mi pensamiento y afecto os acompañan siempre, junto con la gratitud de toda la Iglesia. Sois la esperanza viva de la Iglesia, como testigos y artífices de su misión universal en el acto mismo que se realiza, y también el signo creíble y visible del amor de Dios, que a todos nos ha llamado, consagrado y enviado, pero que a vosotros os ha dado un mandato especial: el don singular de la vocación ad gentes. Vosotros lleváis a Cristo al mundo; y, en su nombre, como Vicario suyo, os bendigo y os llevo en el corazón. Con vosotros, bendigo a todos aquellos que con amor y generosidad participan en vuestro apostolado de evangelización y de promoción integral del hombre.

Misioneros, que María, Reina de los Apóstoles, guíe y acompañe vuestros pasos y los de todos aquellos que, de cualquier forma, cooperan en la misión universal de la Iglesia.


Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada mundial de las Misiones 2009

INFORMACIÓN


Conclusiones reunión preparatoria del DOMUND
“Que la palabra de Dios siga propagándose”


Nos reunimos este 26 de Septiembre en las instalaciones del Seminario mayor Santo Tomas de Aquino para la preparación del mes de Octubre (mes de las misiones) y planificar en conjunto la celebración Eucarística del día mundial de las misiones (Domund) a celebrarse el próximo Sábado 17 de Octubre a las 9:00 a.m en la Basílica de nuestra Señora de Chiquinquira donde se extiende una invitación a todos los colegios y parroquias de nuestra Arquidiócesis de Maracaibo.


Contando con la representación de los colegios: Santa Rita, Natalicio del Libertador, Nazaret, El Pilar, La presentación, María Reina, N.S. del Carmen, Madre Elisa Jaramillo, N. S. de Lourdes, Misael Vílchez y con la presencia del Secretariado de Misiones del Pbro. Juan Navarro y María Bello, acordamos lo siguiente:


- Se realizaran por todo el mes de Octubre visita a los colegios para la animación del Domund, para cual le invitamos a contactarnos para poder establecer el cronograma de fechas si aun no lo tiene. Se invita aquellos asesores y profesores de pastoral que deseen colaborar en un intercambio colegial para las visitas antes mencionadas.


Nota: se anexa el cronograma hasta ahora establecido para que pueda ver las fechas de las cuales disponemos para las visitas


- Para la celebración Eucarística se realizara un open de apertura con el tema de la Misión Continental a cargo del SEMIS, por tanto se pidió la presencia de dos niños por la Infancia Misionera, Centimision y Jovenmision por cada colegio (previamente notificados a el encargado de pastoral) que vistan del traje típico del país seleccionado y que junto con su asesor investigue sobre el país y los alcances de la misión continental en el mismo.


Nota: Las banderas para la representación que llevaran los niños antes mencionados serán prestadas por el colegio María Reina.


País Responsable :
Argentina: Colegio María Reina
Brasil: Colegio Nstra. Sra. Del Carmen
Bolivia: Colegio La presentación
Colombia: Colegio Madre Elisa Jaramillo
Chile: Colegio María Auxiliadora
Ecuador: Colegio Bicentenario
Uruguay: Colegio Santa Rita
Paraguay: U.E. Maristas Misael Vílchez
Venezuela: Parroquia San Ignacio de Loyola
Guatemala: Colegio Madre Laura
El Salvador: Colegio San Antonio
Costa Rica: CENTIMISION
Haití: CENTIMISION
Nicaragua: JOVENMISION
Honduras: JOVENMISION
Panamá: Basílica. Nuestra Sra. De Chiquinquira
Norteamérica: Colegio Nazaret
México: Colegio Nstra. Sra de Lourdes
Perú: Colegio El pilar
Cuba: JOVENMISION
Canadá: JOVENMISION

- Se acordaron las siguientes responsabilidades:
Moniciones: Colegio María Reina
1ra Lectura: Colegio Madre Elisa Jaramillo
Salmo: La presentación
2da Lectura: Colegio Santa Rita
Peticiones: Colegio Nazaret
Ofrendas: Secretariado de Misiones

- Se acordó realizar una evangelización sobre el tríptico de la misión Continental y junto a esta actividad el potazo para la colecta del Domund. Para ello se pidió que los niños, adolescentes, jóvenes y participantes en general deban llevar gorra y agua para la evangelización la cual se realizara culminada la eucaristía hasta las 12:00m en las adyacencias de la Basílica la cual se organizara el día del Domund con los allí presentes. Así mismo se entrego el material del tríptico para que los asesores y encargados de pastoral catequicen y realicen con los niños un tríptico en lámina de papel bond para que pueda ser visible realizado con dibujos, recortes, pintura entre otros y puedan evangelizar con este.


- Para cualquier información comuníquese con los teléfonos 0261-5233146 Secretariado de misiones, 04165613000 María Bello

miércoles, 30 de septiembre de 2009

martes, 29 de septiembre de 2009

REFLEXIÓN

MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

PARA LA JORNADA MISIONERA MUNDIAL 2009


En este domingo dedicado a las misiones, me dirijo ante todo a vosotros, Hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal, y también a vosotros, hermanos y hermanas de todo el Pueblo de Dios, para exhortar a cada uno a reavivar en sí mismo la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer “discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19), siguiendo los pasos de San Pablo, el Apóstol de las Gentes.

“Las naciones caminarán a su luz” (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es, en efecto, iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.

En esta perspectiva los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados predecesores: la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemptoris missio, 2).


1. Todos los pueblos, llamados a la salvación

La humanidad entera tiene la vocación radical de regresar a su fuente, que es Dios, el único en quien encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad serán repacificadas y reconciliadas mediante la sangre de la Cruz, y reconducidas a la unidad.

El nuevo inicio ya comenzó con la resurrección y exaltación de Cristo, que atrae a sí todas las cosas, las renueva, las hace partícipes del eterno gozo de Dios. El futuro de la nueva creación brilla ya en nuestro mundo y enciende, aunque en medio de contradicciones y sufrimientos, la esperanza de una vida nueva. La misión de la Iglesia es la de “contagiar” de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios. Solo dentro de dicha misión se comprende y autentifica el verdadero camino histórico de la humanidad. La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario.


2. Iglesia peregrina

La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio ante pueblos enteros (cf. Evangelii nuntiandi, 53). Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo. Su misión y su servicio no son a la medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal, sino de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 27). Este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo (cf. Jn 18,36), es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre. La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, “que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar... y así llevar la luz de Dios al mundo” (Deus caritas est, 39). Es a esta misión y servicio al que, con este Mensaje, llamo a participar a todos los miembros e instituciones de la Iglesia.


3. “Missio ad gentes”

De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las Gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto, “la promesa es para todos aquellos que son lejanos, para cuantos llamará el Señor nuestro Dios” (Hch 2,39).

La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo no se realice plenamente: “Al presente no vemos que todas las cosas estén sometidas a Él” (Hb 2,8).


4. Llamados a evangelizar también mediante el martirio

En esta Jornada dedicada a las misiones, recuerdo en la oración a quienes han hecho de su vida una exclusiva consagración al trabajo de evangelización. Una mención particular es para aquellas Iglesias locales y para aquellos misioneros y misioneras que se encuentran testimoniando y difundiendo el Reino de Dios en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte. No son pocos quienes actualmente son llevados a la muerte por causa de su “Nombre”. Es aún de una actualidad tremenda lo que escribía mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II: “La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente, mostrándonos nuestro tiempo particularmente rico en testigos que, de una manera u otra, han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, a menudo hasta dar su propia sangre como prueba suprema” (Novo millennio ineunte, 41).

La participación en la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. “Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad.

A las Iglesias antiguas como a las de reciente fundación les recuerdo que han sido colocadas por el Señor como sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los extremos confines de la tierra. La missio ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales.

A las Obras Misionales Pontificias dirijo mi agradecimiento y mi aliento por el indispensable trabajo de animación, formación misionera y ayuda económica que aseguran a las jóvenes Iglesias. A través de estas instituciones pontificias se realiza en modo admirable la comunión entre las Iglesias, con el intercambio de dones, en la solicitud mutua y en la común proyección misionera.


5. Conclusión

El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que, incluso antes de ser acción, es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptoris missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución.

Al mismo tiempo, invito a todos a dar un signo creíble de comunión entre las Iglesias, con una ayuda económica, especialmente en la fase de crisis que está atravesando la humanidad, para colocar a las Iglesias locales en condición de iluminar a las gentes con el Evangelio de la caridad.

Nos guíe en nuestra acción misionera la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, que ha dado al mundo a Cristo, puesto como luz de las gentes, para que lleve la salvación “hasta los extremos de la tierra” (Hch 13,47).

A todos mi Bendición.

Benedicto XVI, Vaticano 29 de junio de 2009



lunes, 28 de septiembre de 2009

ORACIÓN



Oración por las misiones

Padre de bondad, Tú que eres rico en amor y misericordia, que nos enviaste a tu Hijo Jesús para nuestra salvación, escucha a tu iglesia misionera.

Que todos los bautizados sepamos responder a la llamada de Jesús: Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos.

Fortalece con el fuego de tu Espíritu a todos los misioneros, que en tu nombre anuncian la Buena Nueva del Reino.

María, Madre de la Iglesia y estrella de la evangelización, acompáñanos y concédenos el don de la perseverancia en nuestro compromiso misionero. Amén





sábado, 26 de septiembre de 2009

jueves, 24 de septiembre de 2009

¿ QUÉ ES LA PLAGARIA EUCARÍSTICA? ¿Qué significado tienen cada una de sus partes?

CATEQUESIS SOBRE LA PLEGARIA EUCARISTICA (I)
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomen esto es mi cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: “Esta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que se derrama por muchos.”. Marcos 14, 22-24 PARTIR DE LA REALIDAD (VER) Para muchos es una larga y latosa fórmula "para consagrar" el pan y el vino...Momento en que decae el interés, después de la Liturgia de la Palabra, la Oración universal, la procesión de los dones...un poco más "entretenidos". La asamblea queda pasiva, esperando el rito de la paz y la comunión... Causa principal de esta triste constatación: la ignorancia de lo que es ese corazón de la misa.

¿Desde cuando no hemos hecho una catequesis sobre el tema? o por lo menos, aprovechamos la Homilía - que es la bisagra entre las dos mesas de la Palabra y la del Cuerpo - para hacer la relación entre la Palabra anunciada-vivida, y su realización en la Eucaristía ("el Verbo se hace Carne") como lo indica Puebla (documentos conclusivos de la Conferencia Episcopal), al hablar de la homilía (930). Y todos nos preguntamos cómo hacer de este momento, que debería ser de intensa participación no sólo por la disposición fundamental que se requiere de cada uno en ofrecerse con Cristo (Cf. Rom. 12,1), sino también ¿con qué recursos podemos contar? Se supone que el sacerdote conoce la estructura y el contenido de la P.E., pero ¿y los fieles? Estas notas se proponen para ayudar a descubrir la Plegaria Eucarística y hacer de ella el momento de mayor participación.

1. ¿Qué es la Plegaria Eucarística?

2. ¿Sabemos realmente qué es lo que sucede en la Plegaria Eucarística?

3. ¿Cuál es la participación de la comunidad en la Plegaria Eucarística?

I. QUE ES LA PLEGARIA EUCARISTICA (JUZGAR)

La IGMR (Introducción General al Misal Romano) habla de la Plegaria Eucarística en dos capítulos : - cuando describe la estructura de las partes de la misa y su contenido n. 78-79. - cuando describe la manera de celebrar de parte del sacerdote, n.139-165/ (100-122) En los n. 78-79 se enumeran los elementos de la Plegaria Eucarística y su contenido: - Acción de gracias y aclamación - Epíclesis de consagración - Memorial de la Institución (consagración) - Anamesis de la Pascua - Ofrecimiento de Cristo y de los fieles - Epiclesis de comunión - Intercesiones de comunión eclesial - Doxología A primera vista la plegaria eucarística, que es el corazón de la misa, podría aparecer como un mosaico de elementos dispares. Es indispensable presentarla en una visión de conjunto, para que aparezca la unidad profunda de lo que es el corazón de la misa, y cómo se encadenan mutuamente los distintos elementos.

Y para eso, destacar su aspecto trinitario que apunta a la edificación de la Iglesia :(Cf. De Lubac : "La Eucaristía hace la Iglesia"). A) ¿Que es la Misa ? A quien preguntaría ¿qué es esencialmente la misa ? No se le puede contestar por una serie de elementos aparentemente dispares. Habría que contestarle : La Misa es un MEMORIAL (Cena: Palabra y Cuerpo), es decir que actualiza el paso de Jesús en su muerte y resurrección para hacernos participar de él. Es fundamentalmente una alabanza al PADRE que resucitó a CRISTO que habíamos entregado a la muerte, y que nos comunica su ESPÍRITU. Nos hace entrar en éste su misterio pascual y nos hace así IGLESIA: "El pueblo que saca su unidad de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". (S. Cipriano, citado en LG 4). B) ¿ Qué es la Plegaria Eucarística ? Esta definición de la misa se encuentra como concentrada en la Plegaria eucarística, en que :

1. Alabamos al Padre - (Prefacio y Santo-Doxología final).

2. Recordamos a Cristo : Memorial de la Institución : - "anamnesis" de la Asamblea y del sacerdote

3. Invocamos al Espíritu Santo: - sobre el pan-vino (Epiclesis de consagración) - sobre la Asamblea (Epiclesis de comunión)

4. En comunión con la Iglesia que se edifica por la Eucaristía: - del cielo ( Iglesia celestial) - de la tierra (Iglesia peregrinante) - de los difuntos (comunión de los santos) (Intercesiones)

Estos 4 aspectos se desmenuzan en los elementos siguientes que desarrollamos brevemente en vista a una catequesis de la Plegaria : 1. Prefacio y Santo En la Plegaria Eucarística, el sacerdote actúa "in persona Christi": Lo reconoce la Asamblea al contestarle: "Y con tu espíritu", a su invitación: "El Señor esté con ustedes!" La IGMR n 31/11 recomienda al sacerdote que preside, hacer aquí una monición mistagógica, en la cual puede actualizar la Acción de gracias según las circunstancias o según el mensaje de la Palabra (vincular la Liturgia de la Palabra con la Eucaristía). "Prefacio" aquí significa " Proclamación": se proclama la alabanza/ bendición/ acción de gracias al Padre, por toda la obra de la salvación, o algún aspecto particular de la misma, según los diversos tiempos o fiestas. Los motivos son numerosos; el Misal trae más de 150 prefacios, cada uno con un motivo particular de acción de gracias. Importancia de la preparación: en vez de utilizar cualquier prefacio, el sacerdote se esforzará de elegir el que más se compagina con el mensaje de la Palabra del día. La conclusión del Prefacio asocia al cielo y a la tierra para cantar la gloria de Dios.

La asamblea hace suya la Acción de gracias proclamada, prolongándola con el canto del SANTO que recoge palabras del AT y NT, particularmente del Apocalipsis (4,8) cuando Juan relata que los cuatro seres "repiten sin descanso, día y noche: "Santo, santo..." y de la aclamación al Hijo de David en la entrada de Jesús en Jerusalén: "Hosanna...Bendito el que viene" (Mt 21,9). El Santo es una aclamación bíblica que no puede ser sustituida por ningún otro canto: Jesús, el Hijo de David aclamado en su entrada a Jerusalén, es el centro de la alabanza eucarística. Es El que viene ahora, y por su Pascua glorifica al Padre. Entre el Prefacio-Santo y la primera epiclesis siempre se da una transición que las une. La III P.E., por ejemplo, la expresa en esta forma : "Santo eres en verdad, Señor, y con razón te alaban...”; y la II:" Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad ". 2. Epiclesis de consagración El sacerdote invoca al Espíritu Santo para que descienda y, por su acción, sean trasformados el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. (Epi-clesis= "llamar sobre" ). Lo hace extendiendo sus manos sobre la patena y el cáliz: gesto tradicional de la comunicación, que evoca el momento de la Encarnación, cuando el Espíritu cubre con su sombra a María, y el Verbo se hace carne en sus entrañas. La Eucaristía prolonga la Encarnación. La señal de la cruz sobre el pan y el vino es el signo de la presencia de la Redención, finalidad de la Encarnación. 3. Narración de la Institución y consagración. El sacerdote recuerda el momento de la última Cena en que Cristo instituyó la Eucaristía, narrando o evocando ese momento: Tomó en sus manos el pan y luego el cáliz y bendijo al Padre, pronunciando la plegaria de bendición.

Repite las palabras de Cristo, y lo hace en primera persona en virtud del sacerdocio ministerial del cual ha sido investido, indicando con ello que actúa "in persona Christi", es decir como instrumento y representante personal de Jesús. Momento cumbre, la IGMR prevé destacarlo con las genuflexiones, incensación posible, y toque de campanilla en cada elevación (n.150) 4. Proclamación del memorial : ANAMNESIS Anamnesis (del griego "mnêmè") designa el acto de hacer memoria: "Al celebrar el memorial...te ofrecemos”: estamos aquí en el corazón de la misa. Vaticano II, inspirándose en los ritos orientales, ha introducido una aclamación de anamnesis confiada a la asamblea, por la cual ésta se dirige a Cristo y lo alaba por el misterio central de su muerte y de su Resurrección en la espera de su venida en gloria. Los fieles se dirigen directamente a El: es la única vez en la Plegaria Eucarística; y eso le toca a la Asamblea!

Hay en esta aclamación una paradoja intensa : los cristianos creen en la presencia del Señor "siempre presente en su Iglesia, sobre todo en las acciones litúrgicas...presente en el sacrificio de la misa...y sobre todo bajo las especies eucarísticas" (SC n,7), y sin embargo la Iglesia los invita a decir: "Ven!" : el Señor está presente bajo la forma del pan y del vino que el Espíritu ha santificado, pero lo que hace la Iglesia, celebrando su liturgia eucarística, lo hace siempre en la espera de la venida del Señor en la gloria: "Cada vez que comen de este pan y beben de este cáliz, ustedes proclaman la muerte del Señor hasta que venga (1 Cor 11, 26). Por eso es capital que esta aclamación de anamnesis haga mención de esta espera de la venida del Señor. La Eucaristía es el sacramento que celebra la Iglesia porque todavía el Señor no ha vuelto en plenitud, sino solo bajó el velo del signo-sacramento.

Hacer memoria es : - fundarse en un evento de la salvación histórico y pasado: * "Gloria a Ti que has muerto"; - para anunciar su actual realización, sobre todo en la Eucaristía: * "Gloria a Ti que estás vivo"; - y llamar su realización plena : * "Ven, Señor Jesús" ! Primero lo hace la Asamblea. El sacerdote invita a la Asamblea a hacer memoria del misterio de la redención contenido en el "Hagan esto como mi memoria". Las 3 fórmulas de la asamblea lo expresan de manera distinta. Se anuncia el misterio de la presencia de Cristo que sólo es visible a los ojos de la fe; en un "sacramento"( o misterio), es decir, una realidad sensible o visible (pan y vino), que contiene lo invisible, en este caso al mismo Cristo muerto y resucitado. Luego el sacerdote proseguirá la "anamnesis",cumbre de la narración, recordando la Muerte, Resurrección, Ascensión y segunda Venida gloriosa del Señor. 5. Segunda Epiclesis y ofrecimiento del Sacrificio Cristo se ha hecho presente en virtud de las palabras de la consagración. Viene ahora a renovar, a reactualizar (ése es el sentido del memorial) su ofrenda al Padre como víctima viva de expiación por nuestros pecados.

La Iglesia hace entonces suya su ofrenda y, con El, se presenta al Padre. Es Cristo quien se ofrece y en El y con El, la Iglesia, todos los que participan activamente en la celebración eucarística: "Yo les exhorto, hermanos, a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa, y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer"(Rom l2,1). Las distintas plegarias lo expresan de manera particular, mostrando que la anamnesis o memorial y el ofrecimiento son estrechamente unidos: • "Por eso, al celebrar este memorial...te ofrecemos el Pan de Vida y el Cáliz de salvación" (II) • "Te ofrecemos en esta acción de gracias el sacrificio vivo y santo" (III) • "Te ofrecemos su Cuerpo y Sangre, sacrificio agradable a Ti y salvación para todo el mundo" (IV) ... ejercicio del sacerdocio bautismal de los fieles celebrantes.

Si Cristo renueva sacramentalmente su ofrenda al Padre, es para hacer posible que nos incorporemos a ella. Por eso, se invoca de nuevo al Espíritu, en una segunda Epiclesis, llamada "Epiclesis de comunión" para que: - "el Espíritu Santo nos transforme en ofrenda permanente... y que formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu" (III), - "el Espíritu Santo nos congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo...(II) - "que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para tu alabanza" (IV) 6. Intercesiones y comunión eclesial Luego de la epiclesis de comunión, que implora al Espíritu Santo a fin de que seamos un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo, la Liturgia nos invita a expresar nuestra comunión con la Iglesia en todas sus dimensiones. - Con la Iglesia militante aquí en la tierra (Papa, Obispo de la Iglesia local, clero, y todos los fieles. - También nos invita a unirnos a los fieles difuntos (Iglesia purgante), particularmente a aquellos que se encuentran en una etapa de purificación. - Nos unimos igualmente a los que ya han llegado al cielo (Iglesia triunfante), especialmente a la Santísima Virgen María y los santos.

En la plegaria eucarística, el sentido "ascendente" es dominante, es decir, la glorificación del Padre, la gratitud y alabanza; pero en ella se da lugar a una dimensión "descendente", es decir, nuestro propio beneficio, lo que esperamos como fruto de la ofrenda de Cristo. Pedimos paz y unidad, salvación, confirmación en la fe y la caridad, ser asociados a los santos y compartir con ellos la vida eterna para glorificar siempre al Padre por Cristo. Las distintas plegarias lo expresan extensamente.

7. Doxología final

La plegaria eucarística concluye en forma solemne con la doxología final, de modo semejante y en el mismo sentido de su inicio en el Prefacio: Por Cristo, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos ! La Iglesia congregada en la asamblea que celebra la Eucaristía, ensamblada en la unidad por el Espíritu Santo en Cristo, por El y en El, glorifica al Padre. El sacerdote, elevando bien alto la hostia y el cáliz (signo expresivo de Cristo "mediador" entre el cielo y la tierra), en un magnífico canto de alabanza, expresa así el sentido profundo de la acción litúrgica: el honor y la glorificación de Dios Padre en Cristo Jesús. Los fieles responden a esta aclamación con un decidido AMEN, como un "SI, lo confirmamos y confesamos!", lleno de alegría.

II. ORIENTACIONES PRÁCTICAS PARA LA PARTICIPACION ACTIVA DE LA ASAMBLEA (ACTUAR Y CELEBRAR)

1. Conocimiento de lo que es la Plegaria eucarística, tanto de parte del sacerdote como de los fieles. De allí, la importancia de una catequesis periódica. Los elementos del capítulo precedente pueden orientar.

2. De parte del que preside: respeto estricto de las normas: - así, no inventar gestos no previstos; - no añadir comentarios o fervorismos o expresiones de piedad personal. "la monición se hace antes del prefacio pero nunca dentro de la plegaria eucarística" IGMR n.31. - inventar gestos por su propia cuenta: p. ejemplo romper la Hostia antes de la consagración, a la palabra "lo partió", como si fuera un mimo.

3. Evitar invadir la plegaria con largas listas de difuntos como si fuera un noticiero necrológico! Es la mejor manera de aburrir a la mayoría de los fieles y de ahuyentar a los jóvenes, para quienes "la misa es un asunto de muertos"(sic). La plegaria no es el lugar. Pueden leerse antes de empezar la misa, pero no en la Oración universal ni en la plegaria. La misa es el memorial de la Pascua del Señor, no el memorial de los difuntos que tienen la suerte de tener a alguien que pague para que se lean sus nombres en la misa. Es bueno recordar también para los sacerdotes la advertencia de San Pablo: “Examinarse para que no se vayan a condenar al comer indignamente el Cuerpo del Señor”... también al hacer del memorial de Cristo un negocio...

4. Superar lo rutinario: - la monotonía, la falta de expresividad con que se leen los textos; - la nerviosa búsqueda del prefacio o de la P.E., mientras mecánicamente se introduce el diálogo previo al prefacio; - el apresuramiento con que se "despacha" la plegaria eucarística; - la ausencia de pausas donde el misal sabiamente lo indica; - la forma mecánica de dirigirse al pueblo: " Oren, hermanos para que...Levantemos el corazón... Aclamen el misterio de nuestra fe...Dense la paz..."

5. Importancia de la "monición mistagógica", después del "El Señor esté con ustedes", como una "pausa refrescante" en el cúmulo de palabras leídas...algo un poco más personal, para actualizar la palabra que se ha proclamado y comentado en la homilía, relacionando el alimento de la Palabra con el rito que lo encarna... Y después, se puede invitar con un alegre entusiasmo: "¡Levantemos el corazón!” Importancia también de la elección del prefacio y de la Plegaria, según el mensaje de la Palabra proclamada y vivida.

6. Belleza de los pocos gestos durante la plegaria: - imposición de las manos sobre el pan y el vino; - gesto de la bendición sobre los mismos; - discreta inclinación al repetir las palabras del Señor; - elevar, para "mostrar" (a la altura del rostro) el Pan y el Cáliz; - Genuflexión (que no hay que alargar demasiado) o profunda inclinación para los que ya tienen las rodillas oxidadas... - "Elevar" lo más alto el Pan y el cáliz para la doxología final, y que puede prolongarse durante el canto del "Amen". ( visibilidad del Sacerdocio de Cristo, Sumo y Eterno "Mediador" entre Dios y la humanidad). Este Amén debería ser siempre cantado. No es para tomar el lugar del sacerdote que algunas asambleas se pusieron a rezarla junto con el sacerdote (-culpable: la concelebración!-), sino porque un breve "Amén" no les parece suficiente para ratificar y sellar toda la plegaria eucarística. Dicho esto, se dispone hoy de fórmulas que dejan al sacerdote la proclamación cantada del texto que le pertenece, al mismo tiempo que se amplifica la participación de la asamblea, sea interrumpiendo la fórmula con varios "Amén", sea amplificando el "Amén" por su repetición.

7. Importancia de las intervenciones (si fuese posible… siempre cantadas) de la Asamblea; - Santo (que forma parte del Prefacio); - Aclamaciones de anamnesis después de la consagración (y no cualquier canto, como "Alabaré!" u otro, que son como un "quiste" en este momento de la misa; - Amén final de la Doxología. Es el "Amen" más importante de la misa que tiene su eco en el "Amén" al Cuerpo de Cristo que se recibe en el momento de comulgar...

Pbro. Lic. Lorenzo Hernández Managua Bibliografía: - Vaticano II, Sacrosactum Concilium. - Introducción General al Misal Romano - De Lubac : “La Eucaristía hace la Iglesia”.

- Manual de Liturgia del CELAM - BOLETÍN DE INFORMACIÓN, SERVICIOS Y COORDINACIÓN DE LA COMISIÓN NACIONAL DE LITURGIA - CHILE ABRIL 2001.

NUESTRA SEÑORA de la MERCED


Los últimos siglos de la Edad Media, el sur y el levante español estaban en poder de los árabes y con su vidas en vilo. El Mediterráneo estaba infestado de corsarios turcos y de sarracenos, y lo mismo atacaban a los barcos que desembarcaban en las costas y se llevaban cautivos a muchos.

La cautividad o esclavitud era una calamidad terrible de la humanidad. De cuando en cuando surgían almas generosas y se ponían a actuar. Un santo varón, el clérigo sevillano D. Fernando de Contreras, con la ayuda de la Loca del Sacramento, Doña Teresa Enríquez, y con el aliento de San Juan de Avila, fue una de esas almas generosas en favor de los cautivos.

Otra alma caritativa, suscitada por Dios, fue San Pedro Nolasco, de Barcelona, llamado el Cónsul de la Libertad. Rogaba insistentemente a la Virgen María y se preguntaba cómo poner remedio a tan triste situación.

Pronto empezó a actuar. Vendió cuanto tenía y empezó la compra y rescate de cautivos. La noche del 1 de agosto de 1218, estando Nolasco en oración, se le apareció la Virgen María, le animó en sus intentos y le transmitió el mandato de fundar la Orden Religiosa de la Merced para redención de cautivos. Pocos días después, Nolasco, ayudado por D. Jaime el Conquistador y el consejero real San Raimundo de Peñafort, cumplía el mandato. Los mercedarios se comprometían con un cuarto voto: quedarse como rehenes, si fuera necesario, para liberar a otros más débiles en la fe.

De este modo, a través de los miembros de la Nueva Orden, la Virgen María, Madre y Corredentora, Medianera de todas las gracias, aliviaría a sus hijos cautivos y a todos los que suspiraban a ella, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. A todos daría la merced de su favor.

La Virgen María será invocada desde ahora la advocación de la Merced, o más bello todavía en plural: Santa María de las Mercedes, indicando así la abundancia incontable de sus gracias. ¡Hermosa advocación y hermoso nombre el de Mercedes!

Santa María de las Mercedes concedería a sus hijos la merced de la liberación. Alfonso X el Sabio decía que "sacar a los hombres de captivo es cosa que place mucho a Dios, porque es obra de la Merced".

Bajo la protección de la Virgen de la Merced, los frailes mercedarios realizaron una labor ingente. Ingentes fueron también los sufrimientos de San Pedro Nolasco, San Ramón Nonato y San Pedro Armengol. Y no faltaron mártires como San Serapio, San Pedro Pascual y otros muchos.

El culto a Nuestra Señora de la Merced se extendió muy pronto por Cataluña y por toda España, por Francia y por Italia, a partir del siglo XIII. El año 1265 aparecieron las primera monjas mercedarias. Los mercedarios estuvieron entre los primeros misioneros de América. En la Española o República Dominicana, por ejemplo, misionó Fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina).

Barcelona se gloria de haber sido escogida por la Virgen de la Merced como lugar de su aparición y la tiene por celestial patrona. "¡Princesa de Barcelona, protega nuestra ciudad!"

En el museo de Valencia, hay un cuadro de Vicente López en el que varias figuras vuelven su rostro hacia la Virgen de la Merced, como Implorándola, mientras la Virgen abre sus brazos, extiende su manto, cubriéndolos a todos con amor, así su titulo de Santa María de la Merced.





miércoles, 23 de septiembre de 2009

lunes, 21 de septiembre de 2009

Canto :
JÓVENES MISIONEROS EN CRISTO

Letra y Música: Farid Chalita
Intérprete: Coro Infantil San Juan Bautista

Padre que quieres ver
Que todos los hombres se salven ya
Con el conocimiento de la verdad
Enséñanos a amar.

Despierta en los jóvenes
El firme deseo de serte fiel
Discípulos creyentes de nuestra fe
En Jesucristo amen.

Madre santísima de Guadalupe
Estrella divina, de evangelización
Seremos discípulos y misioneros
Pueblo en Jesús, evangelización.

Espíritu santo ven
Proclama el evangelio, la paz y fe
Que todas las personas lo hagan también
Y sembremos el bien.

Llénanos de tu amor
Y danos tu perdón junto con la paz
Guíanos Señor hacia la verdad
Y haz tu voluntad.

Madre santísima de Guadalupe
Estrella divina de evangelización
Seremos discípulos y misioneros
Pueblo en Jesús evangelización.

Padre que quieres ver… (Bis)

LEVANTA LAS MANOS POR LA MISIÓN


domingo, 20 de septiembre de 2009

sábado, 19 de septiembre de 2009

viernes, 18 de septiembre de 2009

jueves, 17 de septiembre de 2009

Un minuto para respirar...



Madre de la Merced

Madre, Nuestra Señora de la Merced:
El amor te ha hecho libre,
como el alba a la mañana.

Tu corazón pobre es libre,
con la libertad del Reino.

Tu corazón manso es libre,
con la libertad de un Dios cercano.

Tu corazón de hambre y sed de justicia es libre,
con la libertad de un Dios planitud.

Tu corazón misericordioso es libre,
con la libertad de un Dios amor.

Tu corazón en paz es libre,
con la libertad de ser llamada hija de Dios.

Tu corazón perseguido por la justicia es libre,
con la libertad de ser tuyo el Reino.

Tu libertad te lleva a ser feliz,
cuando la injuria o la persecución,
a causa de Jesús, llama a tu puerta.

Entonces te alegrarás y regocijarás,
porque la recompensa será grande en el Reino.

Bienaventurada tú, porque has creído en Jesús,
tu hijo, como el Señor y liberador.

(Pedro Fernández, o.ss.t.)

martes, 15 de septiembre de 2009

domingo, 13 de septiembre de 2009