sábado, 2 de agosto de 2008


Más de 3,000 misioneros en el CAM 3 y comla 8
/Sábado 2 de agosto de 2008



Quito (EVARED) - El próximo Tercer Congreso Americano Misionero y Octavo Congreso Latinoamericano (CAM 3 - comla 8), reunirá a más de 3.000 misioneros de todo el mundo.

El encuentro será del 12 al 17 de agosto en Quito. El tema que ilumina la preparación del congreso está en sintonía con el tema de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en Aparecida – Brasil el año pasado: “La Iglesia en Discipulado Misionero”.

El lema "América con Cristo, escucha, aprende y anuncia", responde a las cualidades indispensables del discípulo del Señor en un tiempo que demanda más oídos, más aprendizaje y mayor difusión de la Buena Nueva desde cualquier rincón donde nos encontremos.

El CAM 3 – comla 8, tiene como principal objetivo propiciar en las iglesias particulares de América el acontecimiento inminente de Pentecostés, para que desde la experiencia del discipulado se pongan en “estado de misión” e impulsen la Nueva Evangelización y la Misión Ad Gentes.

Se ha confirmado la presencia de todos los presidentes de las Conferencias Episcopales de América, y del enviado especial del Vaticano en representación del Santo Padre Benedicto XVI, el Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo.

Fuente: CAM 3

viernes, 1 de agosto de 2008

LAS COSAS NO SON SIEMPRE LO QUE PARECEN




Dos ángeles que estaban de viaje se detuvieron para pasar la noche en la casa de una familia adinerada.

La familia era ruda y le negó a los ángeles quedarse en el cuarto de huéspedes de la mansión, en cambio les dieron un espacio pequeño en el sótano frío.

Cuando ellos hicieron su cama en el suelo duro, el ángel más viejo vio un agujero en la pared y lo reparó. La noche siguiente el par de ángeles fue a descansar en la casa de un pobre granjero muy hospitalario y su esposa. Después de compartir la humilde comida, la pareja de granjeros le cedió su cuarto a los ángeles para que pudieran descansar cómodamente.

Cuando el sol surgió a la mañana siguiente los ángeles encontraron al granjero y su esposa llorando. Su vaca, cuya leche había sido su único ingreso, yacía muerta en el campo. El ángel más joven se asombró y le preguntó al más viejo cómo había podido permitir que eso ocurriese.

- El primer hombre tenía todo, y aún así tú lo ayudaste. La segunda familia tenía muy poco y estaba dispuesta a compartir todo ¡Y tú permitiste que la vaca se les muriese!

- Las cosas no son siempre lo que parecen -contestó el más viejo- Cuando nosotros nos quedamos en el sótano de la mansión, noté por el agujero de la pared que había muchos sacos de oro en la habitación contigua. Como el dueño estaba obsesionado con su avaricia y no era capaz de compartir su fortuna, yo sellé la pared para que nunca más pueda encontrarlos… Y anoche, cuando nos fuimos a dormir a la cama de los granjeros, vino el ángel de la muerte para llevarse a su esposa y yo, a cambio, le di la vaca. Las cosas no siempre son como parecen.

A veces esto es exactamente lo que pasa, todo en la vida tiene su porqué y a nosotros, a veces nos cuesta encontrarlo y otras veces le damos la espalda.

Deja que tu Angel de la Guarda te guíe y sé tú mismo. Nadie mejor que tú para discernir.

Bendice y agradece cada momento vivido, que será la recompensa hacia el futuro.

SIGUE LAS HUELLAS JAJAJA

jueves, 31 de julio de 2008

¡Encuentra el lado bueno!


Muchas de las alfombras más finas que se fabrican en el mundo provienen de pequeñas poblaciones de Oriente Medio.

Cada una de ellas esta hecha a mano por grupos de hombres y niños, bajo la dirección de un maestro tejedor.

Como los artesanos de alfombras normalmente trabajan viendo el reverso de la pieza, no es raro que alguno cometa un error y entreteja un color que no corresponda al diseño.

Cuando ocurre esto, el maestro no ordena desbaratar la trama, sino que busca la manera de armonizar el error con el resto de la pieza.

Lo cual puede servirnos de lección:

Es posible aprovechar las dificultades que se presentan inesperadamente, y los errores que cometemos, entretejiéndolos ventajosamente en la trama de nuestra vida. A la mayoría de problemas se les puede encontrar su lado bueno.

¡Encuentra el lado bueno! Y Recuerda: Que tu vida es misión!!!

miércoles, 30 de julio de 2008

DIOS ESTA CONTIGO


Cuando el caminar parezca pedregoso y difícil. Cuando las ofensas traten de herirte. Cuando las palabras no salgan, y no puedas hablar. Cuando todos te condenen. Recuerda: Dios está contigo. Cuando la inseguridad te agobie. Cuando el dolor y la amargura te invadan. Cuando parezca que te han abandonado. Cuando la enfermedad se vuelva agresiva. Recuerda: Dios está contigo. Cuando seas perseguido y humillado. Cuando prediques la Palabra y creas que no la han recibido. Cuando el caminar parezca doloroso. Recuerda: Dios está contigo. Cuando hablen mal de ti. Cuando te sientas débil. Cuando te sientas solo. Cuando digas: "No puedo más" Recuerda: Dios está contigo.

Estoy plenamente deacuerdo que la vida es una lucha constante en la que "al final uno compite, únicamente contra uno mismo", la vida es una lucha por la supervivencia física y emocional, la vida es una búsqueda continua de la felicidad, ese concepto tan difícil de definir.

En el fondo nos pasamos la vida luchando por hacer de ella lo que nos gustaría, nos pasamos la vida peleando por vivir, por superar etapas.

La gente que aparecía en el documental, hacía referencia a que su felicidad residía únicamente, en tener a su lado a los que quieren, a sus seres más próximos, incluso cuando en sus vidas faltaba la salud, faltaba el dinero o sus miradas tenían el poso del odio al dolor sufrido.
Hay veces que una cara, una mirada, un gesto dice más que mil palabras, sólo había que mirar a esas gentes a la cara para saber que su vida era una lucha, incluso una lucha interior.

Me quedé también con una frase de una vieja cubana que decía que no creía en Dios, ni en "más allá", y que los que la quisieran, no gastasen dinero en coronas para su tumba el día en que muriese, que ese gasto, lo hiciesen mientras estuviera viva, para poder disfrutarlo ahora y el día que le toco partir lo primero que hizo fue mandar a llamar a un sacerdote y pedir que le apretara la mano.
Una simple, pero clarísima reflexión que comparto.

El Documental era un episodio de la serie documental "Gotas de Vida" con el título "la lucha".
Sin desperdicio.
POR MUY DURA QUE SEA LA LUCHA JAMÁS DUDEN DE DIOS Y RECUERDEN QUE LA VIDA ES MISIÓN!!!

REFLEXIÓN

martes, 29 de julio de 2008

REFLEXIÓN

RECEMOS EL ROSARIO

ECUADOR: CAM3


República del Ecuador

Lema: «Dios, Patria y Libertad»
Himno nacional: Salve, Oh Patria

domingo, 27 de julio de 2008

EL EVANGELIO DEL DIA


Evangelio según San Mateo 13,44-52.

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

sábado, 26 de julio de 2008

RECORDEMOS

Meditación en la Jornada Espiritual de la Primera Jornada en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

Tras el rezo de Laudes y la celebración de la Santa Misa tuvo lugar una Jornada espiritual para los participantes en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe . La Jornada se desarrolló en torno a la Meditación que pronunció el Arzobispo Estanislao E. Karlic, titulada Discípulos y misioneros de Jesucristo.

El Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo termina así: “Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el Cielo y en la tierra. Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28, 16-20).

A. Jesús nos llama a la santidad

Estas palabras del Señor Resucitado valen hoy para nosotros. El Santuario de la Virgen Aparecida se convierte en la montaña que Jesús ha indicado para que los discípulos suyos que peregrinan en América Latina y el Caribe se reúnan para recibir otra vez su mandato misionero.

Este es un “tiempo oportuno”, un “kairós” que el Señor ha determinado para una obra de su gracia para bien de todos nuestros pueblos. Debemos tener conciencia de la cercanía privilegiada de Dios con nosotros en estos días, y de la magnitud de la obra para la que El nos convoca: la Evangelización de nuestros pueblos.

Todo el universo empieza en Dios. “Al principio Dios creó el cielo y la tierra” (Gn 1,1). Y todo empieza en su amor. Dios nos ama primero. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó... nosotros amemos porque él nos amó primero” - nos dice San Juan (1Jn 4,10.19). Porque nos amó, por eso nos eligió y nos congregó. Dios y su amor por nosotros es la primera verdad de nuestra tierra y la primera verdad de esta Asamblea. Existimos porque Dios nos amó y nos eligió en Jesucristo.

Con agradecimiento y humildad hemos de disponernos a escuchar al Señor que nos llama en todo y siempre. Nos llama en la creación y en la historia; en la humanidad de Cristo, en la humanidad de la Iglesia y en la humanidad de todos los hombres; en el esplendor de la Liturgia y en la sencillez de los hechos cotidianos; en su Palabra revelada y en las palabras humanas; en el dolor y en la alegría; en la pobreza y en la riqueza. Nos llama en todo cuanto existe y en todo cuanto acontece, porque toda criatura es lo que es por razón de una palabra creadora de Dios y porque todo acontecimiento de la historia le pertenece en el único designio de su benevolencia. Es Él mismo quien nos llama hoy, en el aquí y ahora de nuestros pueblos. Lo hace por Jesucristo en su plenitud, su Palabra perfecta e insuperable. Dice la Epístola a los Hebreos: “Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo” (Hb 1, 1-2).

Dios nos revela por su Hijo el misterio de piedad, su designio de salvación. Dios no tiene otro proyecto que el de nuestra santidad en Cristo, la santidad de todos, de individuos y de pueblos. Dios, que es santo, nos llama a ser santos: “Él nos ha elegido... antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor... para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo” (Ef 1, 4-5). La santidad es nuestro destino de gracia y de gloria. Para ello Jesucristo dio su vida.

La cuestión del hombre y de los pueblos es una cuestión con Dios. Los dos amores que dividen a los hombres en la historia son el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios y el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo. Esta elección de amor, que se debe hacer en la opción fundamental de la existencia, ha de ser sostenida y confirmada en el ejercicio de la libertad en la vida cotidiana. Cada día el hombre es interpelado para que elija a Dios que lo llama al servicio y no al dominio.

Conscientes de nuestra vocación a la libertad, queremos elegir el amor de Dios y de los hermanos, también de los enemigos y perseguidores, abandonando el odio y construyendo la paz. La conversión es realmente un cambio intelectual y moral hondo, arduo y prolongado, pero posible y debido. Siempre estamos en un combate espiritual porque: “Todo hombre es Adán. Todo hombre es Cristo” (San Agustín). Siempre tenemos que luchar desde nuestra naturaleza humana herida por el pecado. En un clima de esfuerzo y de trabajo, debemos santificamos en estos días, con la verdad de la humildad y la certeza de la esperanza.

En el designio de Dios, Él nos ha amado de tal manera que nos envió a su Hijo para redimirnos con su entrega en la Cruz (cf. Jn 3,16), y hacernos capaces de su mismo amor. Recibiendo su ayuda divina y queriendo empezar la Asamblea con un corazón puro, como en una gran eucaristía, pidamos perdón de nuestros pecados y de los de nuestros pueblos, porque San Pablo nos enseña que los hombres solemos aprisionar la verdad en la injusticia (cf. Ro 1,18). Confesemos la impiedad que abre el camino a las idolatrías del placer, del tener, y del poder, y también al secularismo; pidamos perdón por la avaricia y la injusticia, que provoca la crueldad de la miseria y de la iniquidad; por la lujuria que enceguece multitudes y desordena otras pasiones; por el individualismo egoísta e insolidario que deshace la familia y disuelve la sociedad; por los crímenes del aborto, la violencia y la guerra; por la tiranía del relativismo del conocimiento y de la moral; por los pecados de omisión, silencios y temores injustificados; por la falta de esperanza; en fin, por todos los pecados, que siempre contra el amor.

En una cultura donde tantos hombres se han enamorado de sí mismos porque han creído la mentira del “serán como dioses” (Gn 3,5), debemos confesar con sabiduría diáfana y serena que nada vale en la vida si no nos lleva a Dios. “Nos hiciste para Ti, e inquieto está nuestro corazón, mientras no descanse en Ti”.

Estamos aquí porque queremos santificarnos y servir a la santificación de nuestro subcontinente. ¿Tenemos derecho a tan inmenso propósito? ¿Tenemos fuerza para tan grande combate? Por nuestras solas fuerzas, no. Pero por gracia de Dios, sí. Dios es amor y con su amor nos hace capaces de amarlo como Él nos ama (cf. DCE 1). Dijo Jesús a su discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado” (Jn 15,12). Ésta es la novedad de su don. Tenemos el deber y la fuerza para consagrarnos a tan grande servicio. No nos es lícito elegir ser de menor estatura. Así como el agua debe ser agua y la luz debe ser luz, el hombre debe vivir la dignidad de su destino, de su altísimo destino.

Para nuestra historia santa, como para toda vida de responsabilidad, es necesaria la gracia de Dios y nuestra colaboración. La gracia de Dios es una ayuda que necesitamos absolutamente para caminar hacia nuestra santidad. Nadie existe sin recibir de Dios esta ayuda. Dios ha prometido auxilio a su criatura y Él es bueno y fiel, con la sobreabundancia de la redención. Esto se verifica en la existencia de todos los hombres, lo sepan o no lo sepan.

En el acto bueno Dios dignifica tanto nuestra colaboración que hace que su gracia sea nuestro mérito. Aquellos que hayan ejercido su libertad en la caridad, según la voluntad de Dios, escucharán decir al Señor: “Vengan, benditos de mi Padre, a poseer el Reino que les ha sido preparado desde toda la eternidad. Porque tuve hambre y me dieron de comer... Lo que hicieron con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,35.40). El encuentro de Dios que obra la salvación en el hombre es un misterio, que nunca se debe explicar oscureciendo alguno de los protagonistas, sino subrayando que la mayor presencia de Dios y de su gracia, da mayor entidad al hombre y a su libertad, porque cuando la historia se hace más de Dios, se hace más de los hombres. Así debemos entender la libertad de los hijos de Dios. El combate contra el tentador fue librado primero por el Señor, que salió victorioso. Ahora el combate es nuestro y tiene en esta asamblea un momento privilegiado para una gran victoria. ¿Quién nos conducirá? “¿A quién iremos, Señor, si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?” (Jn 6,68). Venimos a Ti, Jesús. Queremos escuchar tus palabras. Nosotros y nuestros pueblos queremos ser tus discípulos y tus misioneros. Queremos recibir tu Espíritu.

B. Discípulos de Cristo

Es el Señor quien elige y llama a los discípulos, no por sus cualidades personales, ni siquiera las morales. Es la gratuidad de su elección la razón de nuestra presencia aquí. Ser discípulo es un don de Dios, que consiste no sólo en aceptar una doctrina, sino en adherir a la Persona de Jesús, e incorporarse por Él a la obediencia filial al Padre y a la docilidad al Espíritu Santo (cf. Heb 5,8-10), porque en la revelación, “Dios invisible, movido por el amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía” (Dei Verbum, 2).

La Palabra revelada por Dios, no es acogida con la fuerza de la evidencia de la luz natural de la inteligencia sino con la firmeza propia de la fe, de la confianza sobrenatural en Dios bueno y veraz que nos habla como amigo, abriéndonos la intimidad de su designio. La Fe es la verdad del misterio divino compartida en el amor: el amor de quien revela, el Señor, y el amor de quien le cree, el discípulo. La obediencia de la fe, raíz de la salvación, es un acontecimiento de la nueva creación. No es resultado de ninguna cultura humana. El Señor quiere continuar su obra por nosotros. Necesitamos ofrecernos todos los miembros de la Iglesia como sus signos e instrumentos. Unos para otros, y todos nosotros para todos los hombres que comparten nuestra historia. Que seamos uno en la fe y en el amor, para que el mundo crea. Empecemos a dar testimonio en estos días.

El discípulo cree porque fue seducido por la Pascua de Jesucristo, por su entrega de amor en la Cruz. El acto de fe es este encuentro de libertades y de amores, una libertad seductora por su amor, la de Cristo; otra seducida por ser amada, la del discípulo. Así se origina el injerto del bautizado en la cepa que es Cristo y su incorporación a la Iglesia.

La libertad de la fe, como toda auténtica libertad, debe ser vivida con la dignidad de un hombre que tiene sed de Dios y lo busca con todo el corazón. Por eso, debe ser sostenida y defendida frente a todas las tiranías, cualquiera sea su origen y su forma.

“Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús”, nos exhorta la Epístola a Los Hebreos (12,2). Jesucristo, luz del mundo (Jn 9,5), revela el designio de salvación por todo lo que hace y lo que dice (cfr. Dei Verbum 2). Hemos de contemplar y escuchar al Señor que, con oportunidad de esta Asamblea, se nos presenta y nos habla con particular solemnidad. Él es el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, luz de la vida para América y el mundo. Queremos aprender de su humanidad escondida en la anunciación a María en Nazaret, manifestada en Belén, actuando en Galilea, en Samaría y en Judea, lavando los pies de los apóstoles en el Cenáculo, instituyendo la Eucaristía, muriendo en el Gólgota y resucitando en el sepulcro. Queremos escuchar las Bienaventuranzas, el Padrenuestro, las últimas palabras en la Cruz. Queremos saber siempre más de su tesoro insondable. Porque Él es nuestra identidad. En la sabiduría de la Iglesia sabemos que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado” (GS 22).

Hemos de vivir apasionados por la verdad, por toda verdad, porque en toda verdad está llegando el misterio de Dios, Padre de las luces, y el Verbo, Jesucristo, que es la Verdad. El pecado entró en el mundo por la mentira. El diablo es el padre de la mentira, y así, el padre de los pecados de los hombres. Tener pasión por la verdad es propio de los hijos de la luz, y manifestación de la sed de la vida. En cambio, la indiferencia por ella y el relativismo del conocimiento entrañan la renuncia a la sabiduría, que debe dirigir los pasos del el hombre, ser inteligente y libre. El hombre está llamado a caminar en la luz de la verdad, a buscarla siempre como su enamorado y mendigo, aunque en el tiempo nunca la encuentre en plenitud.

Jesucristo es la Verdad (Jn 14,6). En Él, Dios Padre nos abre al misterio de Dios Uno y Trino, y de su designio, y nos explica quiénes somos los hombres y adónde vamos. Por Cristo aprendemos que somos imagen de Dios, llamados a ser hijos en el Hijo y amados por Dios por nosotros mismos (cf. GS 24). Entendemos que la familia es el santuario del amor y de la vida. Sabemos que la comunidad humana está destinada a la fraternidad, se debe construir cada día y debe durar para siempre. La razón de pertenencia de cada persona a la familia humana universal radica en su dignidad de hijo de Dios y hermano de los hombres.

Conocemos así que el encuentro de los hombres no se debe regular por las normas del egoísmo, para que cada uno procure su propio provecho reclamando exclusivamente sus derechos, sino por la ley del amor para que descubramos en el otro un don de Dios y un destinatario de nuestro servicio, cuyos derechos debemos defender como si fuesen propios. En la fe debemos descubrir a Cristo en el rostro de todos, particularmente de su hermanos más pequeños (cf. Mt 25,31-46).

Además por la fe sabemos que el universo creado es una casa común, obra de Dios Padre, regalada a todos los hombres de todos los tiempos, a quienes les entregó como título de propiedad inajenable y como título de responsabilidad irrenunciable su propia naturaleza de hombre, imagen de Dios, hijo suyo, hermano de todos los hombres y junto con ellos, administrador del cosmos. En fin, por la fe sabemos que el tiempo, por la gracia de Jesucristo, es camino de la eternidad, a la que vamos acercándonos en cada instante y vamos llegando en cada muerte.

¡Cuánta sabiduría nos regala Dios en su Hijo, Camino, Verdad y Vida! Esta sabiduría es plena cuando se vive la fe, que reclama para su perfección la esperanza y la caridad. Aceptemos agradecidos el don de ser discípulos y vivamos “haciendo la verdad en el amor” (Ef 4,14).

El misterio de Jesús no estrecha el horizonte sino que ilumina el destino de todos los hombres en el Plan de Dios. Esto es sostener con claridad la última razón de la dignidad y la igualdad de todos los hombres. La verdadera estatura de todo hombre no es simplemente la del viejo Adán, sino la del nuevo Adán, la de Jesucristo, el Hombre Nuevo.

A Él debemos seguir. Él es el Camino, en su estilo, el de la Cruz: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Mc 8, 34-35).

El discipulado lleva a estar siempre dispuesto a entregar la vida por el Señor, como los mártires. Siempre la Iglesia ha tenido mártires y hoy también los tiene. La Iglesia sufre persecuciones que requieren despojos y humillaciones que constituyen un verdadero martirio: la burla y la banalización, la indiferencia y el silencio, la calumnia y el abuso de poder.

Sólo en la verdad de este espíritu martirial, vivido con sencillez y acción de gracias, sostenidos por la oración y los sacramentos, podemos sentirnos discípulos plenos de Cristo y experimentar que nos incorporamos en su obra salvadora. El cristiano es esencialmente pascual. Así viven los santos. Esto nos pide el Señor cuando nos llama para ser sus discípulos. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” (Jn 15,13-14).

Para vivir la vida nueva de la gracia y empezar el Reino de la Vida que prepara los cielos nuevos y la tierra nueva, el Señor nos ha dado como alimento del camino la Eucaristía, sacramento de su amor, de su sacrificio, de su muerte y su resurrección. Es el Señor hecho pan y hecho vino el que nos da la fuerza para vivir como Él, para que participemos de su “amor hasta el fin”, para incorporarnos al dinamismo de su amor oblativo, nos enseñaba Benedicto XVI (Cf. Sacramentum caritatis 11). Un gran pastor de nuestra América, poco antes de morir, me decía: “No nacemos para morir. Nacemos para entregarnos a Dios”. El que así vive -así vivió él- tiene en la muerte el último acto de su vida, el último acto de su amor.

La oración, que acompañó a Jesús sobre todo en sus momentos culminantes, debería distinguir a los miembros de la Conferencia para que la cercanía del Señor sea profundamente experimentada y éstos sean días de tierna intimidad con Él. Los cristianos eran reconocidos en el mundo pagano como comunidad orante. La Conferencia de Aparecida debería ser señalada por lo mismo. En la oración encontrará sabiduría y discernimiento, espíritu de diálogo serio y fraterno, capacidad de comunicación entre todos, porque Dios se aproxima a todos para reunimos y no está tejos de nadie sino sólo de aquel que lo rechaza.

C. Misioneros de Cristo

A quienes les había revelado la voluntad del Padre, les transmite la potestad y les impone el deber de anunciar el Evangelio. “Yo he recibido todo poder... hagan discípulos... bautizándolos... y enseñándoles...” El amor de Cristo al Padre y a todos los hombres debe pasar al corazón de los discípulos para comunicar ese amor, que es la misión del Señor.

Quien ha conocido al Señor, y su designio de misericordia, experimenta el deber maravilloso de compartir los dones de la creación y de la gracia, y la esperanza de la gloria. El discípulo de Cristo ha comprendido que existir es coexistir, o mejor, es proexistir, es decir, existir para el servicio, para dar, darse, comunicarse. La vida de la persona humana es esencialmente relacional, sólo es auténtica cuando se comunica y vive en comunión. La Comunión de Dios trinitario se refleja en nosotros cuando, por la comunicación con Él y de unos con otros, nos hacemos Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Templo del Espíritu.

La misión del discípulo procede del misterio de comunión divino. El discípulo de Cristo es, como Cristo mismo, servidor de la comunión. Vivir la vida nueva es, para el discípulo, vivir la comunión con Cristo por la fuerza del Espíritu que lo conduce a anunciar la redención. Es ofrecerse el discípulo como víctima junto a Jesús para la conversión y la salvación de los hombres, para su participación en el Misterio trinitario.

Queremos hacer el don de Dios a todos los hombres de nuestra tierra. Porque, como dijo nuestro Sumo Pontífice, “quien no da a Dios, da demasiado poco” 1 . Y si queremos dar a Dios, infinito en su ser y su verdad, en su bondad y su belleza, ¿cómo no hemos de querer darnos a nosotros mismos? Y dándonos a nosotros mismos, ¿cómo no hemos de querer compartir los otros bienes?

Si no compartimos los bienes creados, materiales y espirituales, trabajándolos juntos y participando de ellos en solidaridad, no estamos amando a Dios. “El que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano”, dice San Juan (1 Jn 3,10). Pero también es cierto que si no damos a Dios, aunque demos otros bienes, no estamos pagando la deuda de amor entre nosotros: nuestra deuda es Dios. No nos debemos sólo la fraternidad, sólo la justicia social. Nuestra primera deuda es Dios.

Todo es deuda real y todo es deuda con Dios. Somos obreros contratados para esta obra maravillosa. Dios es quien nos ha llamado. No tengamos miedo. Tengamos confianza en el Señor que ya ha vencido. Si nos dejamos ganar por Él, si nos dejamos inundar por su Espíritu, podremos decir ante nuestros deberes, aun los más difíciles, lo que dijo Jesús en la Ultima Cena: “He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi pasión” (Lc 22,15). Y al cumplirlos, podremos recordar siempre a San Pablo que nos alienta: “Como dice la Escritura: ‘Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte y se nos considera como a ovejas destinadas al matadero’. Pero en todo esto obtenemos una espléndida victoria, gracias a Aquel que nos amó” (Rom 8, 36-37).

Creamos: la redención actúa hoy. La Pascua de Cristo está en la eternidad dominando los siglos, brindándose con la plenitud de su gracia a todos los hombres y pueblos de América Latina y El Caribe. Hoy podemos convertirnos, santificarnos y servir a la santidad de los demás. Hoy podemos amar porque hoy somos amados por el amor redentor. Hoy podemos servir a la conversión de los hermanos. Cada instante es capaz de Cristo pascual. El instante de cada persona y de cada pueblo existe para que Cristo acceda al corazón y a la libertad de cada uno. Hoy, “el Hijo de Dios, por su Encarnación, se ha unido en cierto modo con todos los hombres (GS 22).

No nos debemos extrañar si no obtenemos frutos pastorales cuando no tenemos interiormente semejanza real con el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Siempre, siempre, la verdad y la gracia son vida que nos llega de Jesús, a cuyo servicio está siempre la Iglesia. Ella reclama de sus miembros y de sus ministros, la identificación creciente con el Redentor. Toda la acción de la Iglesia no es sino ser signo e instrumento del misterio del Señor, ser su transparencia eficaz para irradiar la verdad y la vida de su belleza.

La V Conferencia tiene como horizonte inmediato la evangelización y santificación de nuestro continente. Estamos jugando aquí la historia santa, la nuestra y la de los demás hermanos de nuestra América. Estamos escribiendo la historia en este momento que no vuelve. La historia es escrita por la libertad de Dios y la de los hombres. Los condicionamientos del contexto físico o histórico no son causa eficiente del acto libre. Son condiciones solamente. Soy yo su autor, somos nosotros quienes elegimos. El hombre se hace o se deshace moralmente desde dentro. No desde fuera. Frente a Dios tenemos que cumplir con el deber de ser en la historia libres y santos. La libertad debe definir al hombre en el amor de Dios y del prójimo, al estilo de Jesús en su Pascua. Libres como el viento, como la juventud inmensa y sana. Libres como el Resucitado. Libres como el Espíritu.

En definitiva, si el hombre se hace padre de sí mismo por sus opciones, los pueblos también deben definirse en su cultura por sus amores. En esta Conferencia no queremos vivir una libertad vacía y errante, sino que queremos elegir conducidos por el Espíritu. “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom 8,14). Queremos elegirnos en el amor de Jesús para donamos en la cultura de la amistad social y la solidaridad. Esta fuerza llega a nosotros desde la comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y nos llega aquí y ahora, en la casa de Nuestra Señora Aparecida.

D. La verdad es la esperanza

¿Seremos pueblos más justos y solidarios, capaces de conversión y de perdón, capaces de reconciliación y de paz? ¿Pueblos más creyentes, discípulos de Cristo, fraternos y misioneros, más esperanzados, magnánimos y audaces? ¿Seremos pueblos con más vida en Jesucristo, más santos y peregrinos de la gloria? Dios nos eligió y nos está llamando a su Reino de Vida. Respondamos hoy. La Quinta Conferencia vale por sí misma. Hoy, y en la medida en que vale hoy, vale para mañana. El tiempo es un Adviento. No es algo que pasa. Es Alguien que viene: Jesucristo el Señor.

Dios no responde con ideas. Responde con personas. A la cuestión del hombre, “que el demonio pretendió responder con la promesa mentirosa de “serán como dioses” (Gn 3,5), Dios, en la plenitud de los tiempos, respondió con la verdad plena de su Hijo en la Encarnación redentora.

Hoy, en una cultura en la que se ha proclamado que el hombre ha muerto, la respuesta sigue siendo Jesucristo, que debe llegar y está llegando por las personas de sus discípulos, de sus auténticos discípulos, identificados con Él y sacramentados por Él en su amor hasta el fin. No temamos. No es que en este cambio de época todo lo bueno desaparece sino que sufrimos dolores de parto de un mundo nuevo. Por nuestro servicio misionero queremos que este mundo adveniente se abra a la filiación divina, a la fraternidad humana y al banquete de la creación. Cristo es el manantial vivo de nuestra esperanza (cf. NMI 58). Por Él, con Él y en Él, debemos y queremos ser discípulos y misioneros.

Dice el Señor: “Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn 13,1). Les lavó los pies y se entregó a sí mismo en la Última Cena. Nosotros, que queremos ser sus fieles discípulos, sabiendo que también este tiempo es un kairós en el que con Cristo hemos de pasar al Padre, debemos amar a nuestros hermanos hasta el fin, lavar sus pies y entregar nuestras vidas a su servicio. Nada menos. Éste es el lenguaje de Jesús Resucitado con sus discípulos misioneros. En este lenguaje vital renueva hoy Jesús su Alianza con nosotros en el Evangelio y en la Eucaristía.

María la primera discípula de su Hijo que creyó y, por eso, lo concibió, nos enseñe a escuchar y creer para anunciar a Jesús, Camino, Verdad y Vida. Que Ella nos enseñe a obedecer a su Hijo, que nos repite: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19).

Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora Aparecida, ruega por nosotros.

1
Cardenal Joseph Ratzinger, Homilía en la misa exequial de Don Giussani, Milán,
24 de febrero de 2005.

viernes, 25 de julio de 2008

TALLER DE I.M EN LAS ZONAS 1 Y 2


SABADO 26 DE JULIO DE 2008
HORA: 8:30 A 12:30 m
LUGAR: SALÓN DE REUNIONES DE LA BASILICA
ASISTE!!!!!

HIMNO DEL CAM3 - COMLA8


Apertura: Se realizará en el Coliseo General Rumiñahui, que tiene una capacidad para 18.000 personas, en este lugar se celebrará la Eucaristía de Apertura, el día martes 12 de agosto a las 15h00.

Las Ponencias, paneles y testimonios se realizarán en el Ágora de la Casa de la Cultura del Ecuador en las mañanas de los días 13,14 y 15 de agosto. Tiene una capacidad para acoger a 4.000 personas.

Los foros serán en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y en la Universidad Politécnica Salesiana por las tardes de los días miércoles 13, jueves 14 y viernes 15 de agosto. Utilizaremos 16 salones auditoriums con variadas capacidades.

Martes 12 de agosto

* 09h00 Inscripciones Lugar: Coliseo de la Pontificia Universidad Católica

Miércoles 13 de agosto

* 08h00 Animación
* 08h30 Oración en clave de discipulado. Responsable: México
* 09h00 Ponencia: Discipulado: Comunidad discípula de Jesús.
Ponente: Cardenal Oscar Rodríguez, Arzobispo de Tegucigalpa
* 10h00: Comentarios a la Ponencia. (15 minutos cada comentario) Mons. Julio Terán Dutari, Obispo de Ibarra y Presidente de la Comisión Teológica del CAM 3 - comla8.
Lucas Cerviño, laico argentino que trabaja en Bolivia.
* 10h30 Receso
* 11h00 Testimonios misioneros en clave de discipulado
* 12h00 Intervención del ponente, recogiendo los comentarios y los aportes de los testimonios misioneros
* 12h30 Salida a la Pontificia Universidad Católica

Jueves 14 de agosto

* 08h00 Animación
* 08h30 Oración en clave de Pentecostés Responsable: Costa Rica
* 09h00 Enlace con el Escucha.
* 09h15 Ponencia: Pentecostés: Comunidad llevada por el Espíritu. Ponente: Monseñor Luis Augusto Castro, Arzobispo de Tunja, Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana.
* 10h00: Comentarios a la Ponencia (15 minutos cada uno).
P. Vito del Prette, Secretario General de la Obra San Pedro Apóstol. Hna. Mary Lucy Villa, Superiora General de las Marianitas.
* 10h30 Receso
* 11h00 Testimonios misioneros en clave de Pentecostés
* 12h00 Intervención del ponente, recogiendo los comentarios y los aportes de los testimonios
* 12h30 Salida a la Pontificia Universidad Católica

Viernes 15 de agosto

* 08h00 Animación
* 08h30 Oración en clave de Evangelización. Responsable: Brasil
* 09h00 Enlace con el día del Aprende.
* 09h15 Ponencia: Evangelización: comunidad misionera para la Humanidad. Ponente: Mons. Erwin Kräutler, Obispo de Xingú, Brasil.
* 10h00: Comentarios a la Ponencia (15 minutos cada uno)
Hna. Adele Brambilla Superiora General de las Combonianas
Fr. José Rodríguez Carballo Ministro General de la Orden de Frailes Menores
* 10h30 Receso
* 11h00 Testimonios misioneros en clave de Evangelización.
* 12h00 Intervención del ponente, recogiendo los comentarios y los aportes de los testimonios
* 12h30 Salida a la Pontificia Universidad Católica

Clausura: Estadio de Liga Deportiva Universitaria de Quito, acogerá a 30.000 personas. Domingo 17 a las 10h00, en estas instalaciones se celebrará la Eucaristía de clausura del CAM 3 comla8, el envío misionero y el lanzamiento de la Gran Misión continental.

TALLER DE I.M EN LAS ZONAS 1 Y 2


Si quieres saber qué es la Infancia Misionera... Te invitamos a participar en el taller que se realizará en el salón de reuniones de la Basilica, este Sábado 26 de Julio de 8:30 am a 12:30 m..

TE ESPERAMOS!!!!



I.M: Es la OBRA MISIONAL PONTIFICIA
De los Niños
y para los Niños

Esta Obra presta un Servicio para la animación misionera de los niños y de sus educadores, con el fin de moverlos a compartir la fe y los medios materiales con los niños de las regiones y de las Iglesias más necesitadas del mundo entero.

-Se propone asociar a los niños de todo el mundo a la obra redentora de Jesús, educándoles gradualmente en el amor universal para ayudar a los niños necesitados de los países de misión.

-Tiene la finalidad de formar e informar a los niños en ella integrados, de evangelizar y socorrer a la infancia pobre y alejada del Mensaje salvador de Jesús.

miércoles, 23 de julio de 2008


Un verdadero amigo


Un verdadero amigo...

A. Te acepta tal cual eres

B. Cree en ti

C. No se rinde contigo

D. Admira todas las partes de tu persona

E. Perdona tus errores

F. Se entrega incondicionalmente

G. Te ayuda

H. Te invita a reintentarlo contigo

I. Te mantiene cerca de su corazón

J. Te ama por quien eres

K. Hace una diferencia en tu vida

L. Nunca te juzga

M. Te ofrece su apoyo

N. Te ayuda a levantar

O. Calma tus temores

P. Eleva tu espíritu

Q. Dice cosas lindas acerca de ti

R. Te dice la verdad cuando necesitas escucharla

S .Te comprende

T. Te valora

U. Camina a tu lado

V. Te explica cosas que no entiendes

X. Grita si es necesario, cuando tú no quieres escuchar

Y. Te baja a la realidad...