¿Cómo preparar una Misión? Introducción: Para que una actividad humana resulte bien, es necesario tener muy claro su objetivo. Con mayor razón lo debe tener una misión. El objetivo de la Misión tiene que estar en estrecha relación con las necesidades pastorales de la zona que se va a misionar. Estas pueden ser: - Una evangelización más a fondo - Detectar agentes pastorales - Despertar el espíritu misionero - Poner en marcha un plan pastoral - Unificar criterios pastorales - Robustecer espiritualmente los grupos comprometidos - Inquietar a los cristianos alejados Ordinariamente estos objetivos se engloban en un objetivo general que se divide en varios específicos. En la preparación de una Misión se distinguen tres etapas bien diferentes: La etapa de la motivación: El personal consagrado: obispo, párroco, sacerdotes, religiosos(as), debe entusiasmar a los laicos más comprometidos y por su intermedio a todos los cristianos, despertando en ellos el interés por la importancia y el significado de la Misión y por, lo que se pretende en ella. Esta motivación se puede lograr por medio de encuentros, homilías, comités, oraciones, cartas, visitas domiciliarias, afiches, promoción radial, etc. La etapa de la organización: Se trata de buscar una estructura mínima y adecuada tanto en los recursos humanos como geográficos, para obtener un buen resultado de la Misión. Entre los recursos humanos se necesita: - Un Comité Central que es el responsable más importante y la instancia última de la Misión. A él le corresponde la organización general; el control de las actividades de los comités parroquiales; la propaganda a nivel general; la relación con las autoridades; el financiamiento de la misión; la programación de las jornadas; lema, himno, afiche, oración, etc. - Equipos Parroquiales que toman a su cargo la marcha de la Misión en sus respectivas parroquias. Estos equipos se pueden subdividir, según el caso en equipos de zonas y sectores. Entre los elementos geográficos se requiere: - Confeccionar un mapa de la ciudad o parroquia que se misiona - Determinar las diferentes sectores geográficos que se misionarán - Elegir los locales concretos en que funcionará la Misión - Detectar los posibles hospedajes de los misioneros. La etapa de la formación: Se trata de capacitar de la mejor manera posible a todos los agentes pastorales que van a intervenir en la Misión Para esto necesitamos: - Contar con personal formador especializado - Organizar cursos a diferentes niveles y tratar de participar en los mismos - Procurar que la formación no se quede en un nivel teórico sino que sea vivencial y comprometida. - Mantener y acrecentar, por medio de la oración la unión con Dios nuestro Padre, con su Hijo Jesús nuestro hermano, con el Espíritu Santo y con María
¿Qué se hace en una Misión?
La Misión se inicia con la llegada de los misioneros ( sacerdotes, religiosos(as) y laicos), con la Celebración del Envío hecha por la autoridad eclesiástica y con la partida de los grupos al sector que les toca misionar. Para que esto resulte sin contratiempos se necesita puntualidad y respeto al programa confeccionado Hay que tener presente que en toda misión debe haber un programa meticulosamente preparado. En él se señalan las diversas actividades del día, los responsables de cada una de ellas y las horas en que deben realizarse. Las actividades suelen ser: a) Por la mañana reunión del Equipo Misionero. Se comienza con una oración comunitaria con o sin participación del pueblo Se estudia detenidamente el tema que se tratará en el día. Se confecciona el material que su usará: escarapelas, signos, carteles, etc. b) Por la tarde: Se realizan las visitas domiciliarias c) Por la noche: Se realizan las reuniones más importantes ya sean grupales o masivas cada misionero tiene su papel bien definido Cada reunión suele tener los siguientes momentos: Acogida bondadosa de los participantes; Oración comunitaria; Proclamación de la Palabra, contemplada en el tema correspondiente Comentario del Texto; con participación de los asistentes Cantos Signos alusivos al tema Compromisos concretos para el día siguiente Despedida Ciertos días, especialmente elegidos, se realizan reuniones y celebraciones de carácter masivo, por ejemplo: Renovación de las promesas del bautismo Celebración del Trabajo Vía Crucis Rosario de la Aurora Liturgia a la Virgen María
¿Cómo confeccionar un Temario?
Introducción: Sea cual sea la finalidad de una Misión nos parece que hay temas que siempre deben estar presentes en ella. Estos son: o Dios Padre todos los Hombres (E.N. 26) o El Reino de Dios (E.N. 27) o La Iglesia (L.G. 9; E.N.13) o La Virgen María (L.G. 66 ; P.282) o El Hombre y su dignidad (E.N.30-31) No olvidar que todo temario debe responder a la realidad del lugar y en forma coherente con el objetivo que se propone en la Misión.(E.N. 20) No debe ser abstracto sino muy concreto, eminentemente liberador y centrado en una visión evangélica del hombre (E.N. 31 - 35) Todo tema a desarrollarse debe enmarcarse dentro de una unidad, teniendo presente la continuidad y coherencia con el objetivo, no dejando nada al azar o a la capacidad de improvisación del misionero. o Distinto será el temario cuando: o Se quiere poner en marcha un plan pastoral o Se desee revitalizar un plan ya puesto en marcha o Se pretenda reanimar una Comunidad Cristiana o Se desee iniciar una Evangelización o Se predica la Misión para solemnizar una fiesta patronal, etc.
viernes, 23 de abril de 2010
Palabra de Dios en la tarea misionera de la Iglesia
El asunto de la presencia de la Palabra de Dios en la actividad misionera es un asunto de vital importancia, muy central. Entre ambas realidades hay vínculos permanentes y muy intensos. Se trata de un tema interesante e importante para reflexionar.
Para abordar bien este asunto hay que comenzar explicitando un presupuesto fundamental, que se refiere a nuestra imagen de Dios. El Dios cristiano es un Dios personal, que busca establecer un diálogo con la humanidad. Es un Dios que habla, que se comunica de muchas y muy variadas formas (cf. Hebreos 1,1-2). Se trata de un Dios de amor (cf. 1 Juan 4,8), de un Dios dialogante, de un Dios a quien le importa la vida plena de sus criaturas, precisamente porque somos sus hijos e hijas, creados para conocerlo a Él y entrar en su intimidad.
Además de lo anterior, hay que explicitar que plantearse una reflexión sobre la «Palabra de Dios» es un asunto amplísimo. Dios ha hablado y habla de modos muy diversos. Nos habla por medio de la creación; por medio de los acontecimientos sociales; por medio de las personas humanas de toda clase y condición; por medio de la comunidad cristiana; por los grandes Santos del pasado y del presente; por la palabra de la Jerarquía de la comunidad cristiana; por el caminar de cada iglesia diocesana y grupo religioso; nos habla por medio de nuestros sentimientos y anhelos personales; por las alegrías y esperanzas, por los dolores y tristezas de la humanidad toda. Aquí no podemos planteamos la pregunta en su sentido total; es decir, del modo de relacionar la Palabra de Dios en cualquier circunstancia o condición humana con la tarea misionera. Nuestro objetivo es muchísimo más modesto: se trata fundamentalmente de planteamos una pregunta por la Biblia como espacio o instrumento para entrar en un diálogo de amor con el Señor de nuestra vida, y por lo mismo como un instrumento misionero.
La palabra de Dios dirigida a toda persona humana
Aunque nuestro acento esté puesto en la Biblia, es indispensable referirse primeramente a la experiencia más amplia del encuentro con la Palabra de Dios presente en la creación misma. El Dios creador ha dejado su huella en cada una de sus creaturas, la que por medio de su misma existencia nos deja entrever al creador, nos habla del creador. Es lo que plantea san Pablo en Romanos 1,18-32, con un planteamiento que se ha hecho clásico. «Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad» (Romanos 1,20). Dios se hace presente por medio de la maravilla de todo lo creado.
Pero Dios también se hace presente en las búsquedas humanas, en el caminar social de la humanidad. Nuevamente es Pablo, en el episodio del Areópago de Atenas el que nos puede servir de referencia importante (Hechos de los Apóstoles 17,22-34). Allí Pablo habla a los atenienses del Dios desconocido al cual ellos adoran, que es el mismo Dios del cual Pablo viene a hablarles. Es decir, el apóstol no vacila en relacionar su predicación con la búsqueda religiosa de los griegos; para él es evidente que es el mismo Dios bíblico el que ha estado tras este camino espiritual de los paganos. La Iglesia, en su práctica misionera a lo largo de la historia ha usado muchas veces este procedimiento, con procedimientos que algunos llaman «sincretismo religioso», pero que bien puede ser visto desde este otro punto de vista, que lo hace muy válido. La ubicación de los lugares de culto cristiano en los mismos lugares de culto usados por los no cristianos, es otro dato firme de la historia. Hoy día este tema se expresa en el complejo tema del diálogo interreligioso, que tiene como pre-supuesto que las religiones no cristianas no son simples aberraciones que es necesario suprimir, sino que en ellas hay se ha alcanzado algo del Dios verdadero; al punto que la Iglesia puede aprender algo de ellas.
Pero no basta con hablar de búsquedas sólo en el ámbito religioso. Las búsquedas humanas en toda su amplitud han sido también caminos por medio de los cuales Dios va hablando y conduciendo a la humanidad. Incluso en aquellas búsquedas que nacen en contradicción con la institución eclesial. De tiempos recientes, baste recordar los ideales «paganos» de la Revolución Francesa de Libertad, Igualdad y Fraternidad, o los trabajos en pro de la Democracia, tan mal mirados por la Iglesia que ungía a los reyes. O incluso la formulación de Derechos del Hombre y del Ciudadano, que se hace desde fuera del ámbito eclesiástico y en conflicto con él, hasta desembocar en los Derechos Humanos. Un verdadero espíritu misionero tiene que ampliar el horizonte de su corazón para reconocer las «semillas del Verbo» presentes en los caminos de la humanidad. Incluso con un sano matiz de relativización de los conflictos con las estructuras eclesiásticas.
Dios también habla en el anhelo profundo del corazón humano, en su búsqueda de verdad y de bien. Es decir, la huella del creador; también la puede reconocer un individuo que se toma en serio la tarea de ser profundamente fiel a sí mismo, a la verdad que el Creador dejó inscrita en lo hondo del corazón. Esta dimensión es muy sensible en la actualidad, en que las personas viven complicadamente el proceso de clarificación de sus anhelos internos, y por lo mismo van aprendiendo a valorarlos de modo creciente.
De todo lo anterior, que no son más que alusiones a temas muy amplios y complejos, surge con claridad un asunto básico en cuanto al tema «Palabra de Dios y tarea misionera»: el misionero no es el que va a comunicar algo que el misionado ignora enteramente; toda persona, por el mismo hecho de existir y tener una mínima lucidez sobre sí mismo, ha conocido ya algo de Dios; ha escuchado algo de su palabra. Y el misionero tiene que ser capaz de proponer el anuncio explícito de un modo tal que quien lo escucha pueda reconocer que esa palabra se relaciona con lo que interiormente ya había intuido por sí mismo. Si lo escuchado no se relaciona en modo alguno con sus anhelos interiores, no será capaz de asumir enteramente su humanidad; y lo que no es asumido no es redimido.
Esto recién dicho creo que no vale solamente para los «pueblos paganos», es decir, de mundos enteramente alejados de la influencia cultural del cristianismo, sino que es igualmente válido para el número cada vez mayor de personas que en medio nuestro se sienten distantes de la propuesta cristiana; al menos tal como ellos la entienden hasta el momento. Es decir, en que hay algún nivel de fe, pero que experimentan esa fe como en contradicción con su racionalidad e incluso a veces con sus sentimientos. Es decir, personas que a veces no han roto formalmente con el cristianismo, pero que éste no está siendo un alimento de vida, un verdadero sentido para su existencia.
La misión surge del encuentro con la Palabra
La Iglesia es una con-vocación. La Iglesia tiene que ver con un llamado; con alguien que llama y con una palabra que se dirige, que convoca. El llamado de los primeros apóstoles es muy claro en este sentido (cf. Marcos 1,16-20; Mateo 4,18-22; Lucas 5,1-11; 9,57-62; Juan 1,32-51 La Iglesia nace de la Palabra, y de la Iglesia surge la misión, bajo el impulso y la conducción del Espíritu. Es la Palabra la que suscitando la comunidad de los creyentes y alimentándola diariamente está a la base de toda misión cristiana.
Es lo que san Pablo sistematiza más señalando que la fe nace del oír, lo que hace indispensable la tarea de la predicación de la palabra (Romanos 10,14-17). Es la palabra acogida la que mueve a la conversión del corazón porque ayuda a conocer y confiarse en el amor que Dios tiene por cada creatura (1 Juan 4,16). Es esta palabra recibida la que nos enseña a creer en Jesús, a acoger su amor entregado y conocer el poder de su resurrección (es lo que con tanta claridad plantean los discursos kerygmáticos de Hechos de los Apóstoles).
Lo que acabamos de plantear también se puede señalar respecto de cada individuo en particular. Cada uno de nosotros está invitado a dejarse interpelar por la palabra de Dios, que como espada de doble filo escruta nuestro interior (Hebreos 4,12-13). Acoger la palabra no es «interpretarla», sino dejar que ella misma sea la que nos «interpreta» a nosotros. Somos nosotros los que a la luz de la Palabra quedamos al descubierto en todas nuestras interioridades.
Lo anterior implica que el mejor misionero no es necesariamente el que tiene más conocimientos ni el que es moralmente más recto; sino aquel que ha vivido la experiencia de un encuentro en el Espíritu con esa verdad que transforma la vida. El que ha dejado entrar en su interior la espada de la Palabra de Dios. Dicho en otros términos, quien ha aprendido a vivir un encuentro espiritual (en el Espíritu) con la Palabra de Dios; un encuentro que ha transformado su vida desde la misma raíz. y para esto haya sido posible ciertamente que ha experimentado que esa palabra oída se entroncaba con sus anhelos humanos más profundos. Es una palabra que trae paz y gozo, porque es la palabra que responde a la sed del corazón. La Samaritana es una buena misionera frente a sus hermanos, luego que ha sido literalmente desarmada por la palabra de Jesús (ver Juan 4,1-42; pero de modo especial el v. 29).
Es el gozo de la palabra acogida que ha transformado la propia vida el que se desborda a modo de impulso misionero. Los que han recibido los milagros de Jesús son los que de inmediato salen a proclamar su fuerza salvadora.
La misión como anuncio de la Palabra
Ser misionero es ser enviado por alguien para cumplir una determinada misión, habitualmente en favor de alguien muy concreto. El envío es de Dios mismo, que elige por medio de su Espíritu. Como dice Pablo «Somos embajadores de Cristo, como si Dios mismo exhortara por medio nuestro...» (2 Corintios 5,20). O como dice Jesús: «Quien a ustedes los recibe, a mí me recibe, y quien a ustedes los rechaza, a mí me rechaza» (cf. Marcos 9,37; Mateo 10,40; 18,5; Lucas 9,48; 10,16; Juan 12,44-45; 13,20). El misionero es enviado por Dios, quien lo envía por medio de la palabra de Cristo y la fuerza del Espíritu. Es finalmente el Espíritu el que llama y envía a la misión (cf. Hechos de los Apóstoles 13,1-3).
El envío no es genérico, «al mundo», sino orientado a unos destinatarios concretos. Y estos son siempre aquellos que no han conocido la bondad de Dios. Sea porque están lejos o porque hay un «muro» que los separa de los creyentes (cf. Efesios 2,14-18), o porque su condición humana muy dolorosa les ha impedido acoger el amor de Dios (enfermedad, carencias extremas), o porque por su propio pecado se encuentran lejos del poder salvífico de Dios. Los privilegiados del envío misionero no son los poderosos ni los fuertes o justos, sino los pobres y abandonados, que son los que necesitan de modo preferente la Palabra de la Vida, con independencia de si su situación se debe a su propia culpa o a culpa de otros.
Hay alguien que envía y hay un destinatario de la misión. Pero ¿cuál es el mensaje? El mensaje no es otro que la Palabra «de» Dios, que anuncia la cercanía de su reinado y la bondad misericordiosa de Dios. Se trata de un kerygma, de un anuncio gozoso de una buena noticia, de un evangelio. Y la buena noticia es una palabra de Dios mismo, una palabra de gracia (cf. Lucas 4,16-27; de modo especial el v. 22).
De aquí surge una responsabilidad fundamental del misionero: ser capaz de transmitir la palabra de Dios sin transformarla en una palabra sobre Dios, ni mucho menos en una serie de normas o conceptos que deban ser aceptados. El misionero tiene que ser como Juan Bautista, capaz de desaparecer él mismo para que brille el resplandor de la palabra que está anunciando (cf. Juan 3,30). Se trata de la necesidad de ser mensajeros transparentes el mensaje que nos ha sido confiado.
La Palabra de Dios tiene un carácter de Buena Noticia, que el mensajero también tiene que cuidar y mantener. Esto implica muchas veces un esfuerzo de fidelidad creativa, que lleva a la necesidad de transmitir la palabra de un modo apropiado; es decir, de un modo tal que conserve su carácter interpelador de buena noticia. Con frecuencia aquí hay un trabajo grande de adaptaciones culturales y de creatividad en el modo de comunicar el mensaje.
Para que la Palabra sea efectivamente Palabra espiritual, que toque la vida del oyente y la transforme, debe ser una Palabra proclamada en directa relación con el oyente. Es decir, la proclamación de la Palabra tiene siempre una dimensión dialogal insustituible. Jesús mismo es un hombre de diálogo; el método parabólico es un método de diálogo. Y para poder dialogar apropiadamente hay que saber situarse en el lugar del interlocutor, arriesgarse a ver el mundo con los ojos con los que él lo ve; hay que asumir sus dificultades y oscuridades. Hay que hacer junto con el otro un camino que conduzca al encuentro con la verdad. No basta con la simple proclamación de las verdades, si esta no va acompañada de un camino que ayude a entenderlas como Palabra de vida; eso las puede transformar en letra que mata, impidiéndoles ser Palabras de Gracia. Para poder ser misionero, hay que conocer y querer la realidad de aquel al cual uno se dirigirá. En caso contrario arriesgamos seriamente ser anunciadores de una palabra muerta.
Después de estas consideraciones generales puede ser útil atender a dos aspectos muy concretos. Primero la predicación como el modo habitual de anunciar y explicitar el sentido de la palabra. Todo lo que se pueda insistir en la necesidad de predicar la Palabra, y no sobre otras cosas, es fundamental. y predicar de la palabra de modo teologal (como encuentro con la fuerza salvífica de Dios) y no simplemente de modo moralizante. Es verdad que esto supone formación, preparación inmediata y remota y oración; pero se trata de un asunto cualitativamente muy importante. No sería justo descuidarlo. Creo que si sometiéramos el conjunto de la predicación eclesial a una evaluación por parte de un juez imparcial, casi ciertamente saldríamos reprobados. Este es un camino en el cual hay muchísimo que avanzar, y es un tema en el que las personas están clamando por una mejor predicación. De modo especial cuando se trata de personas que están alejadas de la vida eclesial.
En segundo lugar cabe señalar que el anuncio misionero de la Palabra de Dios debiera ir siempre unido a una entrega del texto bíblico. No la simple entrega material, sino enseñando a encontrarse con él como Palabra espiritual, como espacio de oración. Nuevamente creo que aquí tenemos un largo camino por recorrer; como Iglesia católica hemos sido torpes para ayudar a la gente a sentirse en la Biblia como «en su casa», es decir, en un espacio en el cual tengan la sensación de estar tranquilos, en lo propio, con posibilidad de encontrarse con Dios en la serenidad de lo cotidiano. Hemos transmitido mucha información objetiva, creo que en general buena, pero hemos fallado en formar en vistas de una lectura espiritual de los textos, que haga de ellos un instrumento habitual de oración. Aquí tenemos una tarea aún pendiente, que es muy necesaria para consolidar procesos misioneros consistentes.
A modo de conclusión
El nexo entre Palabra de Dios y Misión es permanente. Viene desde la huella misma del creador en la creatura, y pasa por la revelación histórica de Dios en Jesús de Nazaret, que es lo que le da fuerza y sentido a toda la Biblia. Ambos caminos para el encuentro con la palabra de Dios deben trabajarse en forma simultánea, porque se potencian mutuamente; y el uno aislado del otro corre riesgos graves de desperfilarse y perder el rumbo.
La presencia de la Biblia en la tarea misionera cristiana es importante. Es la Palabra acogida la que nos envía a la misión; y la misión es la proclamación de la Palabra de Aquel que nos envía como Palabra de vida plena. Para que ello sea posible, el amor a la Palabra y el amor al destinatario de nuestro mensaje son igualmente importantes.
Eduardo Pérez-Cotapos L., ss.cc.
Julio, 2005
¿Cómo evaluar una Misión? Introducción: Nuestros trabajos, realizados con admirable generosidad, muchas veces no producen los frutos que debieran, porque no nos detenemos a evaluarlos con calma y objetividad. De ahí la importancia de la evaluación en la Misión, tanto a nivel general, grupal e individual. Evaluar una Misión es reflexionar seriamente si se consiguieron los objetivos que se propusieron para ella. Hay que comparar fríamente lo que se programó para cada una de las etapas o actos, según sea el caso, con lo que en realidad se hizo. No se debe perder de vista que, en toda realidad humana, hay aspectos positivos y negativos. o Existen diversos tipos de Evaluación en un proceso misionero: - Evaluación de las diversas actividades realizadas diariamente, por etapas. - Evaluación de responsabilidades asignadas al grupo, individual o colectivamente - Evaluación de aceptación de los asistentes, según sea el grado de participación en los trabajos solicitados - Evaluación objetiva de la ambientación, de los signos, de las dinámicas utilizadas, etc. - La oración del equipo - El testimonio de vida - El horario, la puntualidad - Evaluación final o general de la Misión; podría contemplar los siguientes aspectos: o Revisión de la Pre-Misión o Revisión de la Misión misma: Objetivos generales y específicos o Concordancia del temario con los objetivos o Reuniones misionales o Celebraciones masivas o Evaluaciones diarias, etc. o Revisión de la actuación de las personas: - Obispo - Párroco - Sacerdotes - Religiosos(as) - Comité Central - Comité Zonal - Comité Parroquial - Director General o Frutos producidos por la Misión, etc.
1. Elimine los números que no son esenciales. Esto incluye la edad, el peso y la altura. Deje que os médicos se preocupen de eso.
2. Conserve sólo los amigos divertidos. Los depresivos tiran para abajo. (Recuerde esto si es uno de estos depresivos!)
3. Aprenda siempre: Aprenda más sobre computadoras, artes, jardinería, o lo que sea. No deje que su cerebro se vuelva perezoso. 'Una mente perezosa es la oficina del Alemán.' Y el nombre del Alemán es Alzheimer!
4. Aprecie más las pequeñas cosas
5. Ría muchas veces, durante mucho tiempo y muy alto. Ría hasta que le falte el aire. Y si tiene un amigo que lo hace reír, pase mucho y mucho tiempo con él / ella!
6. Cuando las lágrimasaparecieran Aguante, sufra y supérelo. La única persona que se queda con nosotros toda la vida somos nosotros mismos. VIVA mientras esté vivo.
7. Rodéese de las cosas que ama: La familia, animales, plantas, hobbies, o lo que sea. Su hogar es su refugio.
8. Cuide su salud: Si es buena, manténgala. Si es inestable, mejórela. Si no consigue mejorarla , busque ayuda.
9. No haga viajes de culpa. Viaje al centro comercial, a un país diferente, NO donde haya culpa
10. Dígale a las personas que ama que las ama en cada oportunidad. Y, si no les manda esto a por lo menos cuatro personas, a quien le importa? Serán solo menos de cuatro personasque dejarán de sonreír al ver unmensaje suyo. Pero si puede por lo menos compártalo con alguien!
Oración del Misionero de la Resurrección Padre Dios, dueño de la vida te pedimos y te suplicamos que mandes tú Espíritu a toda la Iglesia del sector de nuestra Parroquia, para recibir y proclamar con ardor y entusiasmo la BUENA NUEVA de Salvación que trae NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, TU HIJO. Te rogamos Señor que bendigas a nuestros hermanos misioneros para que con tú Fuerza y Amor entreguen con generosidad la Luz de tú Palabra. María Santísima, Madre nuestra en ésta hora de la Nueva Evangelización, ruega por nosotros los pecadores. Amén
1.- Préstele atención. 2.- Búsquelo. 3.- Escúchelo. 4.- Juegue con él. 5.- Sea espontáneo. 6.- Tómelo de las manos. 7.- Haláguelo más, critíquelo menos. 8.-Maravíllese de sus logros. 9.- Agradézcale. 10.- Sea flexible. 11.- Confíe en él. 12.- Mírelo a los ojos. 13.- Comparta su entusiasmo. 14.- Anímelo. 15.- Espere lo mejor de él, mas no la perfección. 16.- Sea consistente. 17.- Esté a su disposición. 18.- Disciplínelo en su momento. 19.- Aprecie sus diferencias. 20.- Conteste sus preguntas. 21.- Crea en él. 22.- Pida su opinión. 23.- Escuche su música. 24.- Pídale disculpas cuando usted se equivoca. 25.- ¡¡Ámelo a pesar de todo!!!
IV CONIAM 2010
Congreso Nacional de la Infancia y Adolescencia MisioneraLema:“Cristo es la alegría que odien nos podría quitar (Cf. jn. 16,22)Tema: Santidad: La alegría de ser discípulos misioneros.
JUSTIFICACIÒN
Rumbo al Cam 4 y el marco de la misión continental., Dios Padre a querido convocara los niños y adolescentes misioneros de Venezuela a este IV CONIAM. Así como Jesús envío a sus 72 discípulos a las aldeas y poblados a anunciar el evangelio (Lc. 10, 1-12), de igual forma, el señor convoca a los niños y adolescentes de Venezuela en este III milenio para ir por todo los rincones de nuestra patria dando testimonio fiel del amor de dios padre como aporte a esta misión continental.
Ya lo decía el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, los niños y también los adolescentes son los pequeño grandes colaboradores de la Iglesia y del Papa en el anuncio del Evangelio.
El papa Benedicto XVI también también a dicho que los niños y adolescentes son la riqueza y la bendición del mundo, que puedan desempeñar un papel importante en la difusión del Evangelio y las obras de solidaridad con los de su misma edad más necesitado.
Desde Aparecida los Obispos Latinoamericanos nos recuerdan que la niñez y la adolescencia. al ser las primeras etapas de la vida, constituyen una ocasión maravillosa para la transmisión de la fe, que debemos inspirarnos en la actitud de Jesús para ellos, de respeto y acogida como los predilectos del Reino; que debemos valorar la capacidad misionera de los niños y adolescentes , porque no solo evangelizan a sus propios compañeros sino que también pueden ser Evangelizadores de sus propios padres, familias y comunidad. (Cf. DA 440-441).además, solicitan que se apoye l conformación de los grupos de la Infancia Misionera.
Es en la Venezuela de hoy formar nuevas generaciones de discípulos misioneros desde muy temprana edad, porque es durante la niñez y adolescencia que se comienza a formar la conciencia y se siembran los valores que guiaran a la persona durante toda su vida.
Por ello surge la necesidad de reuniones nuevamente y después de 8 años el Espíritu Santo a suscitado esta convocatoria para que los niños y adolescentes reafirmen al compromiso asumido desde el bautismo con Jesús de ser discípulos misioneros viviendo con alegría en la santidad anunciando el Evangelio desde Venezuela para el mundo entero.
De esta manera se hace también necesario marcar las pautas de trabajo que deben guiarnos por los próximos 10 años en Venezuela y definir el papel protagónico que deben tener los niños y adolescentes en esta misión continental convocada desde Apariencia por los Obispos Latinoamericanos en comunión con el Papa Benedicto XVI y responder de esta manera a las necesidades.
Objetivo General:
Promover en los niños y adolescentes de Venezuela el compromiso de ser discípulos misioneros, asumidos con Jesús desde su bautismo de vivir con alegría en la santidad y anunciar el Evangelio desde Venezuela al mundo entero.
Objetivos Específicos:
1.- Proporcionar en los congresistas un encuentro personal con Cristo Misionero del Padre, para crecer en el amor, la fe, la comunión y la santidad como la familia misionera.
2.- Generar un espacio a nivel nacional para celebrar el mandato misionero, motivando a los congresistas a vivir su compromiso bautismal de anunciar el Evangelio en esta gran misión continental.
3.- Definir el papel protagónico que los niños y adolescentes misioneros deben tener en esta gran misión continental convocada por el Papa en la V Conferencia de Aparecida
4.- Fomentar la integración de todos los niños y adolescentes de todo el país para concretar así el camino que debe seguir la Infancia Misionera en los próximos diez años para poner en práctica en las Arqui/diócesis y Vicariatos Apostólicos. 5.- Recoger los aportes de los congresistas para la elaboración del instrumento de trabajo destinado a los niños y adolescentes del continente americano y así proponer un itinerario de animación y formación que responda a los desafíos actuales de la misión.
Invitación
Precongreso de Infancia Misionera
Lugar: Parroquia nuestra señora de Fátima; diócesis de Cabimas. Hora: 8:00am a 1:30pm. Llevar para compartir: desayuno almuerzo. Transporte: Maracaibo-Cabimas. Salida: Basílica nuestra señora de Chiquinquirá. Colaboración para el pasaje: BsF: 30
Evangelio según San Juan 20,19-31. Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.